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De cosas que se te salen de las manos...

¿A qué le tendremos tanto pinchemiedo?

Este post surge de una canción de Disney, a quien también podríamos culpar un poco de dos de los problemas básicos de la mente femenina: La idealización y el miedo. Pero para no entrar en temas tan escabrosos, les cuento de la canción tal, que es parte de aquella película llamada "Hércules". Me refiero a la rola que canta la protagonista para negar de todas las maneras posibles que su rollito con Hércules ya se le salió de control.

Haciendo un scouting musical para la próxima emisión de #TheGonsenShow que hablará de canciones de la infancia/adolescencia, me topé con dicha rola hoy por la mañana y me dio un chingoderisa... de risa nerviosa. Así que la repetí y escuché la letra con más cuidado y entonces me sentí tan... tan... Megara...

Tengo 33 años y hace algunos que decidí dejarme de niñerías en cuanto a "sentir" se refiere, y aunque lo decidí lo cierto es que no lo he logrado del todo. Suprimí un área que era famosa en mí: los detalles. Durante años fui capaz de planear sorpresas y hacer cosas que sé que algunos individuos (sobre todo uno) recordarán de por vida, y dado que la única cosa que no sé decirme a mí misma es "no", ya imaginarán cuántas locuras pequeñas y grandes hice en el trayecto. La pasé bien, no lo niego, ni siquiera me arrepiento, pero lo cierto es que en alguna parte del camino, todo eso fue desapareciendo.

Podría decir que me hice mayor, pero hasta ustedes, que igual y ni me conocen, sabrían que miento como las grandes y que no es realmente eso. Lo que pasó fue lo que los profesionales de la mente llamarían un "bloqueo psicológico". Esa misma circunstancia la extendí a otras áreas en donde me dio por decir cosas como "No pasa nada, es un juego" y "Todo está bajo control", pero la vida y sus sorpresas...

Hace como dos meses, tuve que sentarme conmigo misma y serme honesta, y me costó tanto trabajo que mi primera reacción fue soltar patadas a diestra y siniestra porque, a decir verdad, me apaniqué. No fue sino hasta que logré que mi autoboicot funcionara a la perfección y me encontré dando vueltas en círculo, que logré ese momento de honestidad que había mantenido tan escondidito. Me empezaron a pasar cosas rarísimas como que cierta ausencia me dolía, pero me dolía en serio, no en donde duelen el coraje y el enojo,  que eran cosas que me habían estado doliendo mucho en los últimos meses. Esto de lo que me dí cuenta me estaba doliendo de a de veras, y aunque había una parte de mí diciendo "La cagaste, Gonsen", había otra que decía "Pero es lo mejor".

Y así pasé sólo un par de semanas que me parecieron meses. Convenciéndome de que, aunque ardiera, había sido lo mejor... bullshit! Eso de "lo mejor" es tan subjetivo como intentar definir lo "bueno" y lo "malo", pero si tengo que hablar de lo mejor creo que debería decir que hoy creo que "lo mejor" es lo que te hace sentir bien, lo que te recuerda que estás viva, que hay cosas que no puedes controlar y ¡zaz! lo mejor es que la vida te sorprenda de nuevo en contra de toda tu voluntad y haga bolita y tire a la basura varias de tus teorías adultas.

Hoy, como ya habrán notado si siguen este blog, todas mis emociones están ahí, en la superficie, y ha sido un poco caótico intentar acomodar emociones tan básicas detrás de una coraza tan adulta. Un día estoy feliz, otro me enojo, otro me apanico, otro le sonrío como idiota a la pantalla del teléfono, otro me río, otro me cuestiono, otro me pregunto en qué va a acabar, otro me da igual... en fin, la bipolaridad se vuelve exponencial y todo, absolutamente todo tiene una razón de ser, pero como dice la infantil canción...

"I won't say Im in love"



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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.