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Entre más lejos, menos nos toca.

Estuve un par de días a poco más de 300 Km de la Ciudad de México. Juré que en cuanto le dijera a cualquier persona mi ciudad de origen, todos preguntarían inmediatamente algo sobre el terremoto. Nada. Nadie preguntó nada, y cuando yo hice comentarios al respecto (porque en este momento todos tenemos una necesidad imperante de hablar sobre ello), a nadie le interesó saber más. No noté la más mínima preocupación y mucho menos empatía. Tan cerca y tan lejos.
Días antes del 19 de septiembre estaba pensando en escribir un post sobre lo sucedido con Mara Fernanda en Puebla. Intentaba armar un texto que explicara por qué este caso nos cimbra más que otros y sin embargo no le resta importancia a ninguno. Así que pensé en la distancia y en como el dolor también tiene sus fronteras. 
El terrible caso de Mara nos recuerda que el mundo se ha ido pudriendo de a poco, lo que sucede es que el olor lo tenemos cada vez más cerca. En este país estamos muy acostumbrados a la violencia. Hemos vivido con i…

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.