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Viajar sola y perderlo todo Parte X

Otra vez Termini, otra vez al tren. La combinación de capuchino + croissant hizo su milagro ya conocido y me dio fuerzas para el trayecto en tren más largo de esta historia, tanto por distancia como por condiciones. Casi 5 horas en un tren sin aire acondicionado, con un calor que nuevamente me hizo dudar si ya me había ido al infierno, y con un tipo haciendo ese asqueroso ruido que se produce en la garganta cuando intentas traer las flemas a flote. Mismo ruido cada 5 minutos. Cuando pensé que era la única que estaba a punto de matarlo, escuché a las dos señoras inglesas que venían frente a mí (in-gle-sas = amas y señoras de la propiedad y el decoro) quejarse del sujeto y malmirarlo con toda la fuerza de su sangre británica.

Cuando noté que faltaba todavía una hora y no había mucho que hacer contra el calor ni contra el tipo, decidí apreciar el tremendo paisaje que había en la ventana. Estábamos bordeando la costa y yo habría dado mi reino entero (que en ese momento se componía de una m…

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Chocolates!

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.