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De perderse más allá de la frontera...

En Febrero del 2007 me subí sola a un avión con destino a Tijuana. Cuando eso pasó ya había experimentado el placer extraño y agridulce de viajar conmigo y mi alma. La primera vez fue en 2001, cuando desesperada por conocer el ombligo del teatro, vendí mi Topaz 86 y me fuí 10 días a un Nueva York en donde, hasta antes de aquel marzo, no conocía nada ni a nadie. Pero como dicen por ahí, esa, es otra historia.

En 2007 no tenía más motivo para cruzar la frontera que salir huyendo. Podría adornar esta bonita anécdota diciendo que me fuí de "shopping" o a reencontrarme con mi fallida familia paterna, pero la verdad de los hechos es que iba huyendo despavorida de una fecha: 14 de Febrero del 2007.

Pensarán ustedes que en un ataque de cursilería, la que escribe estas líneas huía del famoso y choteado día del amor y la amistad, pero esta misma les confiesa que de 2006 a 2008, el 14 de febrero no me significaba otra cosa que un cumpleaños.

Aquel año en específico, huía del hecho de saber que no sería parte del festejo 27, situación que me sobrepasaba y me dolía profundamente. Decidí inventarme un viaje y evitarme la tentación de aparecer en donde no habia sido requerida o de pasar ese sábado dando vueltas en casa hasta hacer un zurco.

Me recuerdo subida en el avión con la sensación que me lleva a viajar sola cada vez que puedo, mi ánimo lo requiere y la cartera me lo permite: el despegue. Sonará barato, pero cada vez que el avión aumenta la velocidad para elevarse y cuando finalmente separa las llantas del piso, es como si me arrancaran aquello que me tiene atormentada; y me ha funcionado tan bien, que me hice adicta.

Y así llegué a Tijuana; del aeropuerto al camión de Volaris y del camión a cruzar la Garita de San Ysidro. Recuerdo lo impresionante que me pareció cruzar por tierra, jamás lo había hecho y esa barda que divide mi país del vecino me pareció irrisoria.

Yo iba muy "cuca" con mi pasaporte, mi visa y una tremenda maleta, mientras las cruces que "adornan" la barda aquella, representan a aquellos que intentaron hacer lo mismo que yo pero sin nada de lo anterior. Me dió tristeza.

Cruzar de Méx a EU por tierra es como pasar del agua caliente a la fría. Los de migración ni siquiera te miran, se dedican a scannear tu pasaporte rápidamente y a decirte que sigas avanzando. Te das cuenta que has pasado de un lado a otro cuando de tu lado izquierdo hay un sombrero de mariachi y del derecho un Wendy´s. Eso es todo.

El camión de Volaris me dejó en Santa Fe Depot, de ahí un taxi me llevo por el coche que había rentado y de ahí, MapQuest me llevó al hotel en donde tardé menos en instalarme que en salir corriendo al outlet que está a minutos; y ahí, me bebí el sábado 14 de febrero por la mañana y tarde.


Mis viajes solitarios, todos sin excepción alguna, han tenido un momento de catarsis y el de este viaje sucedió después de salir de un Target. Tomé un freeway siguiendo las instrucciones de MapQuest y por venir pensando en la inmortalidad del cumpleañero me pasé la salida, lo cual se paga caro. Más de las 9 de la noche y yo perdida en San Diego.


Di vueltas y vueltas hasta que me solté a llorar, no tanto por la perdida que me dí, sino por lo perdida que me sentía. Esa es justamente la parte medular de viajar sola, la cual se hace más grande entre más lejos vayas. No hay nadie a quien llamar ni ninguna posibilidad de que alguien te llame, estás sola y ahí desde el silencio y las ausencias, salen los ángeles y los demonios.


Cuando se me pasó el drama, me paré en una gasolinera y llamé al hotel. Quien me contestó me dió las indicaciones para volver y me dí cuenta que no estaba tan perdida, solamente había estado dando vueltas a la redonda. Llegué al cuarto muerta de cansancio, estresada y con los ojos hinchados. Me metí en la tina con un libro y me fuí a dormir como bebé: 14 de Febrero de 2007, superado.


Si hoy volviera a San Diego y me volviera a perder en donde me perdí aquel sábado, tampoco sabría como volver.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.