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Del 13 de noviembre del 2011.


Ha sucedido ya varias veces que hay cosas que comienzan en comezón propia y terminan en grandes proyectos en equipo. Hoy decidí contarles de uno de ellos, el cual trajo grandes satisfacciones no sólo a mi vida, sino a las de aquellas valientes que se animaron a seguirme la corriente. 

Ser mujer...
Corría el año 2011 y un libro me encontró (siempre he dicho que es así y no al revés). "Cómo ser mujer y no morir en el infierno" de la escritora Beatriz Escalante se crúzo en mi camino y las historias que encontré en él me llevaron a imaginar a varias amigas en escena. Y así empezó todo...

Los primeros días de septiembre envié un correo a 9 mujeres invitándolas a actuar un monólogo. Estas mujeres son (algunas fueron) queridas amigas que había conocido en diferentes lugares. Casi todas se conocían, pero casi ninguna se llevaba. También es importante señalar que sólo 2 de ellas se habían subido alguna vez a un escenario, pero fueron justo estos factores los que hicieron que fuera un proyecto que pasó de pequeño a enorme sin siquiera darnos cuenta.

Al principio pensé que era algo que podíamos presentar en la sala de cualquiera y ante nuestros más cercanos. Una especie de experimento - reto. Así que las cité en el Starbucks de Gandhi de MA de Quevedo el 16 de septiembre. Todas aceptaron. Casi todas llegaron a la cita.

Les conté que quería tomar las historias del libro como base pero que me interesaba que ellas crearan su propio personaje. Les asigné datos básicos: nombre, edad y contexto, y su primera tarea fue hacer su propia biografía para que después yo, adaptando esa biografía junto con la historia del personaje original, creara un monólogo para cada una.

Lo más divertido es que la mayoría de ellas tendría que interpretar personajes que eran completamente opuestos a sus personalidades, y unas cuantas tendrían que enfrentarse a sí mismas al tener que representar algo que sí tenía que ver con su propia vida.

Desde que llegaron las biografías tuve un feeling. El proyecto ya las había enamorado y estaban listas para lo que viniera, aunque en ese entonces no supiéramos ni qué era. 

Y así arrancamos con ensayos individuales. Nos reunimos en cafés, casas, librerías. En reuniones uno a uno, fuimos trabajando hasta que finalmente nos juntamos todas, ensamblamos y cada quien presentó su trabajo. Hicimos ejercicios para evitar el pánico escénico, ejercicios de concentración, de memoria, etc. Risas, desesperación, nervios.

Cuando ya estábamos en ello, un día llegó Viviana y propuso presentarla en el teatro del CUM. EN -UN - TEA-TRO. Todas dijeron que sí. Todas se aventaron "como el Borras" y no me pregunten cómo pero semanas después teníamos teatro rentado, boletos, carteles, fotos, programas, escenografía. Es decir, habíamos armado una mini producción en cuestión de semanas (menos de dos meses) con ayuda de gente bien padre: Taís, Jaime, Sandie, Sara...

El boleto costaba $80.00 y creo que el argumento de venta de todas fue algo como "Te invito a verme actuar con unas amigas en una obra amateur; no esperes la gran cosa, es sólo un experimento de amigas". Y así vendimos más de 200 boletos...

La sensación era como si de pronto todas fuéramos amigas de antes. Yo las había presentado pero "Ser mujer..." nos había hecho un grupo. Los ensayos grupales (que fueron muy pocos) fueron una gozada, pero además tuvimos un par de cenas, una previa y otra posterior a la obra, en donde cualquier hubiera pensado que todas teníamos una amistad de años. Fuimos cómplices y se notaba.

No voy a mentirles, sí llegué a pensar en la posibilidad de que al ver a tanta gente en el teatro, una o varias de ellas se apanicara, pero el domingo 13 de noviembre, esas ocho mujeres maravillosas me callaron la boca, se la callaron a sus invitados y a sus propios demonios.

"Tercera llamada"... Lo pienso al escribir este post y me emociono igual. La obra arrancó con una rola de Regina Spektor, la voz en off de mi tío Armando y un video con imágenes de las mujeres más representativas para cada una de nosotras. Yo me asomaba por la cortina y veía un teatro a reventar, lleno de familia, amigos y conocidos. La gente no sabía con qué iba a toparse y nosotras tampoco, pero estábamos listas. "One more time with feeling..."

Patricia salió al escenario. Ella, que en septiembre me había preguntado si realmente creía que actuar era algo que ella podía hacer, fue la elegida (no fue casualidad) para abrir nuestra obra. En donde "nuestra" encierra mucho amor y ganas. Patricia empezó nerviosa, titubeando, pero en cuanto escuchó al público reírse por primera vez, se volvió la ama y señora de la estafeta y del momento. 

Y así seguimos: Kay, Lore, Dalia, Viviana, Erykah, Paola, Valeria y yo. Cada una con una canción elegida para iniciar el monólogo y darnos valor, ¡y vaya que lo necesitábamos!. Después me enteré que en la sala no sólo había habido risas, también había habido llanto, gente que se sintió identificada, y en general, gente sorprendida de ver a "su mujer" allá arriba; siendo alguien más.

Los aplausos del final fueron una cosa que no vimos venir. Se nos llenó el corazón. Era nuestra gente  de siempre pero nosotras éramos otras, sobre todo ellas, mis valientes, las que no sólo habían memorizado un monólogo, sino que lo habían adoptado con todos sus matices. Ellas, que se habían enfrentado al miedo como las grandes. Mis amigas. Mis partners in crime.

El comentario general al finalizar, e incluso días después, fue esa sensación de empoderamiento de nosotras mismas que este proyecto nos había dejado. Sorprendimos y nos sorprendimos. 

Sin duda, haber compartido ese proceso con gente tan significativa en aquel entonces, es una de las mejores sensaciones que he tenido, y es inevitable sentir un poquito de melancolía por aquellos días, pero de eso se forma todo esto, de momentos que enchinan la piel, incluso 6 años después.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

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Fologüers.