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De Ser Freelance...

Desde hace poco más de 6 años decidí independizarme laboralmente, y aunque nunca tuve ni he tenido un trabajo de oficina como tal, en el 2011 decidí que era momento de trabajar bajo mis tiempos y mis condiciones. Lo primero ha resultado más o menos sencillo, lo segundo no tanto.

Si me preguntan, lo más difícil del arte del freelanceo son dos cosas: Lograr conseguir clientes, y lograr que estos clientes te paguen. Fuera de eso, no puedo quejarme. La chamba paga bien (cuando paga a tiempo) y mi tiempo es mío casi siempre.

Tengo conocidos y amigos que me han buscado preguntando si esta modalidad de trabajo es recomendable, y mi respuesta de siempre es "Definitivamente sí, pero no es para todos". Y no lo digo porque ello me dé grado alguno de superioridad, lo digo porque para lograr sobrevivir de este modo es necesario estar consciente de varias cosas: 

1. No vas a cobrar cuando tú crees ni cuando tú quieras; ahorrar es importante. La hermosa tranquilidad de la quincena, los vales de despensa y otras hermosuras que la vida Godín nos regala cada quince días, desaparece. Hay clientes cuyas políticas de pago son a los 30 días HÁBILES de entregado el trabajo. Hay otras que ni políticas tienen. Hay que ser organizado y saber muy bien cuando te toca hacer tus pagos personales porque si no, te vas a ahorcar. Por otro lado, diciembre y enero, que son meses de poco trabajo, pueden ser un martirio si no tienes un guardadito que te ayude a llegar a febrero.

2. Trabajar en pijama y/o en la cama puede ser una idea tentadora, pero definitivamente no es recomendable. Hay que activarse desde temprano, igual que si fueras a ir a la oficina. En mi caso relaciono la pijama con Netflix y Netflix con la total distracción, por lo que prefiero bañarme desde temprano y ¡a darle!. Claro que no voy a  mentirles, la vida de freelance permite las canitas al aire de vez en cuando, es decir, evitar el baño y trabajar mientras de fondo se escucha alguna serie de TV. Creo que de las más grandes ventajas (que pueden convertirse en desventajas) es que tú decides qué y a qué hora.

3. Las distracciones abundan. Estar en casa implica que en cualquier momento suene el teléfono, llegue el gas, toque la vecina, el perro quiera salir a hacer lo suyo, o que se te haga super fácil prender la tele y olvidarte del trabajo. La disciplina es clave, aunque el estigma del freelance dicte que somos un desmadre. Y quizá lo somos, pero también tenemos horario para ello, aunque ustedes no lo crean.

4. El tiempo es tuyo pero esto no es tan romántico como parece. Una de las cosas que más amo de esta vida "disipada" es poder desayunar/comer/echar el café con mis amigos o ir de compras a la hora que me dé la gana. Qué fortuna, ¿verdad? claro que cuando los periodos de trabajo están en su punto más pesado, irme de desayuno me cuesta tener que irme a la cama de madrugada hasta terminar alguna entrega.

5. Hay clientes que, al igual que tú, no tienen horario ni fecha en el calendario. Dependiendo del giro al que te dediques, hay chambas que a pesar de no hacerte ir a una oficina, implican que tengas una amplia disponibilidad. Actualmente tengo una iguala con una empresa que me puede mandar cosas para traducir a las 11pm pidiendo que las entregue antes de las 8 am. Ahora bien, la palabra "iguala" es música para los oídos de los que trabajamos de manera libre. Es casi, casi como tener un sueldo en la fecha esperada, y digo casi porque tampoco llega siempre en la misma fecha (regresar al punto número 1).

6. Hay que tener un plan B para el futuro. La parte de no estar dentro de una nómina implica que no estás cotizando para absolutamente nadie. No IMSS, no INFONAVIT, no AFORE, no nada. A esto agreguemos el hecho de que si no empezaste a cotizar en el IMSS en 1997, no vas a tener pensión. Lo bueno de esto es que hoy en día hay buenos planes para el retiro ofrecidos por diversas aseguradoras. Si decides ser freelance, es indispensable que consideres invertir en esto. Los clientes (y las ganas de trabajar) no van a durarte para siempre.

En fin, en mi experiencia, la vida con libertad laboral ya no es una opción. Simplemente no imagino mi vida de otra forma, pero llegar hasta acá y poder vivir de ello no ha sido fácil. Además de entender los seis puntos anteriores, después de haber tenido que interponer dos demandas laborales, me ha tocado aprender a la mala que siendo freelance te tienes que proteger tú, ya que las empresas para las que trabajas fácilmente pueden lavarse las manos en muchos sentidos. 

Espero no haberlos asustado con esta entrada, la libertad tiene un precio, pero lo cierto es que las ventajas son muchísimas, incluso me atrevería a decir que son más que las desventajas, y una vez que agarras ritmo, seguirás avanzando.

Ya en otro post les daré tips que he ido aprendiendo en estos años, como por ejemplo, trabajar todo con órdenes de compra firmadas y selladas por la empresa, y enviadas desde un correo corporativo.

Pero esa... es otra historia. 

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.