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Del miedo a volver a abrir mi cuenta de Facebook.

Llevo un mes, o quizá o un poco más, de haber desactivado mi cuenta personal. Decidí hacerlo después de darme cuenta de que le había perdido el gusto y que, por el contrario, comenzaba a desarrollar una especie de hartazgo ante las dinámicas que ahí se llevan a cabo.

A quien me preguntó (situación que además resultó graciosa al darme cuenta de que la mayoría de la gente que notó mi ausencia, no pensaba que había borrado la cuenta, sino que los había borrado a ellos por algún motivo desconocido) le dije que regresaría cuando tuviera claro para qué quería tener Facebook. 

Hasta hace unos días pensé que lo había descubierto. Reabrí la cuenta, elegí una nueva foto de perfil y el texto que la acompañaría, y cuando estaba a punto de dar clic en "guardar", me aterré. 

Seguramente pensarán que todo esto es una ñoñería, y quizá estén lo correcto, pero de pronto me dio por pensar que Facebook representa un montón de expectativas, y que, después de un mes y cacho, no sé si tengo ganas de cumplirlas. Así que volví a cerrarlo.

Pero sigue la inquietud de volver, no voy a mentirles. Mi parte vouyerista quiere volver a saber en qué está mi gente, y tengo la impresión de que mi regreso sólo podrá darse si me propongo cumplir con ciertas pautas básicas que impidan que vuelva a caer en la zona que me llevó a cerrarlo.

Pensé, por ejemplo, que no me interesa volver a felicitar a nadie por ese medio. Que las personas que me importan recibirán una felicitación genuina vía telefónica o en persona. Ya sé, puro romanticismo. Pero si algo me tiene preocupada hoy en día es ver como nos hemos ido alejando de las cosas más básicas y cómo hemos confundido lo sencillo con lo simple.

Pensé también que mi regreso requiere de una depuración profunda, que la única forma que tengo de aferrarme a la congruencia de esta ñoñería es quedarme con aquellos cuyo perfil me interesa ver o, mejor aún, aquellos que me interesa que vean el mío.

Y por último pensé en todo lo que la gente da por hecho al tener una cuenta ahí. Como esperan que te enteres o que informes de cosas importantes (desde cambios de empleo hasta la muerte de alguien) y como salir de ahí me permite enterarme de menos y ocuparme de más.

He de estar envejeciendo. Honestamente no sé si todo esto está bien o mal, ni tampoco lo estoy poniendo en tela de juicio. Sólo sé que no suelo regresar a ningún lado sin tener un buen motivo, y Facebook no puede ser la excepción.



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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.