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De 13 Reasons Why.

Una vez que me arranqué con el primer episodio, no pude parar, y ayer a las 12.30 de la noche, terminé con el último o la 13ava razón de Hannah para suicidarse.

Pfff… La sensación al terminar es pinchísima, aunque desde el inicio de la serie sepas que la protagonista va a morir. Los capítulos 12 y 13 son gráficos y crudos porque así debían ser, porque hay temas que para tocarse no deben por ningún motivo suavizarse, sobre todo si de alguna manera se está intentando hacer conciencia.

"Hacer conciencia", un acto cada vez más complicado y ante esta realidad, cada vez más escaso. Hannah no es el estereotipo que tenemos en mente de una niña "bulleable", y quizá ese sea el primer error de los espectadores tanto en la historia como en la vida real. 

Hannah es bonita, inteligente, sensible, ocurrente; su familia es una familia normal, no sólo compuesta por papá y mamá, sino que son padres cariñosos, entre ellos y con ella. Sin embargo, al igual que el resto de los papás de la serie, no conocen a su hija. Hannah, al igual que los pocos que están "de su lado" son los diferentes, los raros, los que no encajan y sufren por ello sin darse cuenta la enorme ventaja que eso representa.

El retrato de una juventud sin orillas, que no sólo no distingue entre el bien y el mal, sino que se encubre y al tener un problema prefiere pretender que no pasó; la fotografía nítida de unos padres más preocupados por tener hijos que sean los mejores en todo -deportes, escuela, belleza, popularidad, etc- excepto en ser buenas personas. Padres ensímismados que no tienen ni idea de con quién salen sus hijos ni de qué hacen. Padres que juran que sus hijos son incapaces de esto y de aquello; y no sólo hablo de lo malo. Padres que los consideran incapaces y al mismo tiempo les otorgan el super poder de resolver todo por ellos mismos.

Y luego está la escuela, un tutor que se hace de la vista gorda y aconseja que los alumnos hagan lo mismo. Soluciones sacadas de la manga que no resuelven nada porque la raíz está podrida; carteles y campañas una "vez ahogado el niño". "No te suicides, no conduzcas ebrio, NO, NO, NO" pero nadie les dice por qué, nadie se toma el tiempo de sentarse a hacerles saber lo que valen, su lugar en el mundo, lo que su muerte provocaría como daños colaterales. Nadie. Ni los padres, ni los maestros, mucho menos los amigos. La soledad absoluta.

Y luego están las redes sociales, las nuevas formas de comunicarse (¿?) que en lugar de simplificar, parecieran estar volviendo todo más difícil, alejando a todos en lugar de acercar. La soledad a cuentagotas, la desvalorización, la debilidad adquirida ante un monstruo contra el que los jóvenes no tienen armas porque si algo no ha cambiado de la juventud es la necesidad de pertenencia, pero los estándares que hay que cumplir hoy en día para lograrlo son demasiado bajos.

Todos fuimos jóvenes, pero me atrevo a decir que estas generaciones están más solas que ninguna otra y me aterra cada vez más. No soy madre ni creo que vaya a serlo, pero tengo ahijados, sobrinos, hijos de amigos. Pienso en mis amigos que son padres y me parece que la labor de recobrar los valores será titánica porque tendrá que empezar por los adultos, los más renuentes al cambio, y que en muchos de los casos siguen ocupados resolviendo sus respectivas adolescencias.

Y es que si hablamos del famoso "predicar con el ejemplo", qué podemos pedirles los de las generaciones anteriores, en muchos casos ya padres de familia, si basta con analizar la interacción en los mundos tanto 1.0 como 2.0 para darnos cuenta de que no tenemos mucho ejemplo que ofrecerles, y siendo así, bajo conocimiento de causa, no se vale llorar. 

Los grupos tendrán que volver a segmentarse y los "raros", los "diferentes" tendrán que encontrar en sus zonas de seguridad (casa, escuela, etc) la fuerza para defender lo que son y para serlo sin miedo, sin que eso les cueste la vida que apenas inician. Pero para que esto suceda, esas zonas de seguridad tendrán que crearse y recrearse a diario. Ojalá ser padre sólo implicara darles casa, comida y vestido. La labor de ser padre no permite treguas.

Aquí una de las últimas líneas de Clay, uno de los personajes, la cual me parece que resume todo, y que si llegamos a entender, quizá nos permita tomar en serio la responsabilidad de estar educando seres humanos. El futuro está en nuestras manos. Les hemos hecho creer que está en las de ellos, pero se nos ha olvidado llenárselas de cosas intangibles y los hemos mandado a enfrentar el mundo únicamente con el celular más nuevo y la ropa más cara.

"It has to get better. The way we treat each other and look after each other. It has to get better somehow."

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.