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Del Niño Hojas...


Este post lo he traído entre manos por mucho tiempo, no días, no meses, sino una buena cantidad de años. Sucede que no había encontrado un seudónimo para el "muso" inspirador del mismo y me daba un poco de miedo ser muy evidente. Al final sé que es muy posible que lo acabe siendo y sólo si así debe ser, quizá en algún momento #NiñoHojas llegue a estar frente a una pantalla leyendo esta pseudo confesión. 

Cualquiera que me conozca sabe que cuando alguien me gusta mucho suelo ser víctima del auto-boicot. Las pocas palabras que salen de mi boca mientras tengo en frente a la persona en cuestión a mí me suenan claras pero tengo la sensación de que en el exterior se escuchan como un balbuceo sin sentido. Me tiemblan las piernas al mismo ritmo que la voz, me sudan las manos y el cúmulo de todo eso me hace finalmente enmudecer, lo cual en mí es MUY poco común. Para mí ese es el parámetro de medición, mis reacciones físico-biológicas al estar frente a alguien que alborota no sólo mis hormonas sino mi cabeza de manera tal que pierdo el piso, literal.

Cabe señalar que no son muchos los que me han llevado a esas circunstancias, repito, esto me sucede sólo cuando alguien me gusta MUCHO, no sólo cuando me parece agradable. Me caben en la mano y a decir verdad me sobran dedos si se trata de hablar de los autores materiales de tales circunstancias, y me encantaría dedicar un pequeño párrafo a cada uno, pero ese... es otro blog.

De esas pocas personas sólo hay uno que ha logrado hacerme correr en sentido contrario más por ganas que por miedo o más bien por el miedo que me dan las ganas de decirle todita la verdad. Aquella historia comenzó hace ya un buen rato, conmigo en pleno uso de mis artimañas y en un total abuso de mi experiencia. Por aquellos días me sentía bien valiente, así que en aquel entonces me dije "Me gusta y voy por él", Error. La historia, cuyos detalles prefiero omitir, se me volteó y me encontré con que había llevado la situación a un lugar que no sólo me parecía incómodo, sino que además le había dado una connotación que no me gustaba. #NiñoHojas siempre me gustó y me ha gustado para bien.

#NiñoHojas siempre ha tenido los ojos tristes y la sonrisa franca pero temerosa, igualita que su abrazo que tiene una mezcla extraña de efusividad y límites. Habla y escucha con una profundidad conmovedora y con la experiencia que a su edad no debería tener pero que sí tiene porque a veces la vida no mide las consecuencias. Y a mí, mientras lo escucho, no hay veneno que me alcance para intentar siquiera corromper esa inseguridad que le hace no saber la hermosa persona que es. 

Estar con él significa recordarme cada 5 segundos porque no sólo no debo, sino que no quiero volver a usar mis armas en su "contra" como lo hice hace tiempo. Pasados los años lo cierto es que hoy por hoy ya no podría imaginarme metiéndolo en problemas consigo mismo, simple y sencillamente porque ahora lo admiro y lo quiero mucho más que antes; de esos cariños limpiecitos, limpiecitos que van y vienen por la vida y el tiempo y en ciertos puntos vuelven a converger pero que nunca suben de nivel porque el costo de oportunidad es altísimo; porque cuando alguien de verdad te importa, hay que actuar en consecuencia. 

#NiñoHojas tiene poderes sobre mí que ni siquiera se imagina, poderes en los que yo misma prefiero no pensar. No sé si #NiñoHojas va a leer esto, jamás me ha dicho si me lee, pero de ser así sabrá perfectamente de quien hablo y no se lo va a creer, simple y sencillamente porque así es él.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.