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De fantasmas y espíritus...


Comenzaré este post explicando la diferencia básica entre ambos, y a partir de ahí intentaré aclarar mi punto. Hoy escribí en Twitter, en mi famoso apartado "Alguien que..." (que no es más que el explicativo de un ideal que ni sé si existe, pero que vive en mi cabeza), "Alguien que tenga muchos espíritus en su vida, pero ni un solo fantasma"... comenzamos...

Primero, un fantasma es una entidad que no ha cruzado al otro lado, un espíritu con asuntos pendientes y cuya comunicación intenta más que nada provocar. Se trata de una manifestación tangible de alguien que por "x" o "y" motivo no desea/puede trascender.

Por el contrario, el espíritu en sí es una entidad que ha cruzado al otro lado pero puede venir de visita de vez en cuando a dar mensajes muchas veces incluso preventivos.

La diferencia básica es que los primeros, al no haber resuelto sus asuntos pendientes, son intermitentes y se encuentran intranquilos y desubicados, sensaciones que pretenden contagiar en quienes tienen contacto con ellos. Sin embargo, los espíritus son seres de paz cuya misión es proteger y cuidar.

Ahora bien, pasemos a la parte metafórica...

Nuestra vida emocional invariablemente tiene uno o varios espíritus, y en muchos casos uno o varios fantasmas. El rol de espíritus lo juegan aquellas personas que han pasado por nuestras vidas y las han marcado con cosas tan básicas como las primeras veces; los espíritus son aquellas personas que hemos y nos han soltado quizá no siempre con un buen sabor de boca, pero seguro con algún tipo de aprendizaje. Los espíritus son los ciclos cerrados que para los más afortunados pueden incluso llegar a ser verdaderas amistades.

Los fantasmas sin embargo son aquellas relaciones con puntos suspensivos y con asuntos pendientes que nos quitan el sueño y nos meten en más de un problema, incluso cuando estamos intentando tener una nueva relación. Su carácter de provocadores los hace ir y venir con una llave que, siento decir, nosotros mismos les hemos dado por los motivos que a cada quien convengan y que van desde el cariño hasta la culpa.

Cuando tuiteé lo que tuiteé lo hice un poco mordiéndome la lengua, pero ese... es otro post.

Lo cierto es que mi idealista corazón capricorniano sueña con toparse con alguien que, a diferencia de mí, haya sabido cerrar todos y cada uno de sus ciclos en paz, al menos consigo mismo, y que esté dispuesto a abrir una página en blanco en un libro que puede o no tener muchas historias previas. No quiero alguien sin pasado, pero sí quiero a alguien que tenga la libertad de ver a futuro sin arrastrar consigo el misterio y las consecuencias de coleccionar fantasmas.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.