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De este Domingo...

Esta generación tan mía, que me parece tan desapegada, tan lejos de la hermosa cursilería y de las verdaderas artes amatorias; tan cerca de la inmediatez y las necesidades cubiertas en tiempos récord, necesidades que se cubren con la misma facilidad y rapidez con las que finalmente se descubren para dar paso a otras nuevas necesidades. Necesidades con cara de personas y/o de objetos. Necesito, necesito, necesito... cada vez necesitamos más para ser, o creer que somos, felices. Cada vez esas cosas se parecen menos a la felicidad personal y más al ideal colectivo. Hay que ser igual, no vaya siendo que resultes ser diferente y no sepas qué hacer ni la gente sepa qué hacer contigo.

Esta generación tan quejosa, tan incapaz de aceptarse, tan poco tolerante a las diferencias tanto en los mundos más personales como en el mundo en general, tan necesitada de una igualdad que nos hace cada vez más diferentes, más egoístas, menos empáticos y que nos disminuye drásticamente la voluntad de saltar al abismo por el puro placer de sentir el aire en la cara, porque a estas alturas estamos más preocupados por cómo vamos a caer que por descubrir si (aún) podemos volar.

Esta generación 2.0 en donde se siembran cosas, fotos, frases, para ver si otro las ve, si se las adjudica, incluso para ver si logramos deshacerle el hígado, porque aquí ya no sólo se trata de competir, se trata de ganar a toda costa aunque no tengamos ni idea de cuál es el premio.

Esta generación en donde las letras aparecen cada vez más en monitores y menos en papel, en donde te lo digo Twitter para que me oigas Facebook y al final todos lo oyen pero en realidad nadie escucha nada.

Esta generación a la que pertenezco, que poco lucha porque poco arriesga, porque tener más de 30 comienza a convertirse en delito, en homicidio culposo de las cosas en las que creíamos 10 años atrás. 

Es domingo y traigo el corazón más cansado que roto, y eso ya es decir.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.