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Del Sueño de Lú...


Hay películas que simple y sencillamente no son fáciles. "El sueño de Lú" es una de ellas y lo digo en el mejor de los sentidos. 

No es una película fácil desde el tema central: La pérdida irremediable; la muerte. Lú se enfrenta a un mundo nuevo en donde, a pesar del dolor y como ella misma dice al inicio, "todo sigue igual". Esta es la historia de Lú pero podría ser la historia de cualquiera que haya tenido que recomenzar de cero.

No es una película fácil porque hay que verla a corazón abierto, porque está llena de maravillosa música, de una fotografía digna de admirarse, de espacios vacíos de diálogos y llenos de vida, de pausas, de puritita emoción; y no todos los espectadores estamos listos para eso ni para ser empáticos. Estamos demasiado acostumbrados a los factores externos y esta película no hay otra forma de verla más que con empatía.

La interpretación de Úrsula Pruneda es por demás conmovedora. Una mujer expresiva, que habla con los ojos y los gestos y que en algunas escenas nos sorprende con una sonrisa casi infantil que alberga toda la esperanza de una mujer devastada por el dolor más grande: la pérdida de su hijo.

Quien ha vivido el duelo en cualquiera de sus modalidades sabe que este parece justamente eso: Un sueño; un sueño en el que uno no está seguro si la realidad es el antes o el después. Hay cientos de libros que hablan de esto, de ese proceso de aceptar la pérdida y reconstruir la vida a partir de ella, a partir de la ausencia de un ser querido, a partir de la aceptación de que nada volverá a ser igual pero no por eso dejará de ser. 

Esas fases ya tan teóricamente conocidas sólo pueden  plasmarse en imagen con un guión tan maravilloso como este y bajo la dirección de otro ser igualmente sensible: Hari Sama.

He visto la película dos veces y admiro profundamente el trabajo de todos los involucrados. El efecto es evidente y para mí lo fue aun más ayer, cuando al terminar la primera función de la Sala 7 de la recién estrenada (Y bellísima) Cineteca Nacional, el auditorio rompió en aplausos. 

Como todo, en gustos se rompen géneros; habrá quien la ame, habrá quien no; esta que escribe, se las recomienda de todo corazón.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.