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De Murakami y su Tokio Blues...

Esta entrada comienza con la crónica de un hábito perdido. Hasta hace unos meses (No quiero decir "años" para no caer en el gonsen-melodrama cotidiano) muchos pero muchos meses, leer era una de las cosas que más disfrutaba. Si un libro me enganchaba, podía bebérmelo en días. Era sin duda una pasión.

Pero tal y como pasa con casi todas las pasiones y por motivos que desconozco, un buen día comenzó a desvanecerse. La gente, conociendo mi gusto, siguió regalándome libros y yo comencé a apilarlos uno sobre otro y en el mejor de los casos, a leer las primeras páginas de alguno de ellos sin resultado optimista; No pude llegar al final de ninguno.

Cuando apareció "Este que ves" de Xavier Velasco, lo vi como una salvación, juré que ahí estaba el final del túnel y que ese sería el libro que lograría regresarme al mundo de las letras. Error. Hasta el día de hoy, el libro sigue con el separador en la primera cuarta parte.

Pensé que era una racha porque a veces me pasa lo mismo a la hora de escribir. A esto último lo denominé "Constipación emocional" y me asumí como una persona que escribe cuando puede y cuando quiere.

En fin... un buen día llegué a Murakami y su libro "Tokio Blues" y me enganchó, me atrapó de tal manera que tuve que reservarme las últimas páginas porque en verdad sentí que no quería acabarlo. Los libros que me atrapan suelen dejarme una sensación de orfandad pasajera cuando se terminan.


La historia quizá no es tan novedosa, pero la narración es bellísima y los personajes son emocionales, vivos, auténticos. Me identifiqué con alguno, quizá con varios, pero eso no se cuenta. Tokio Blues es una lectura suave pero certera. 

Alguien hace poco me dijo que los libros atrapaban según el momento de vida (ya les he contado lo que me pasó con "La insoportable levedad del ser") y no sé si sea cierto pero en los últimos días me bebí esta historia y además he explotado en miles de letras que se han dividido entre la red y el papel. Se me agudizaron los sentidos.

Me ha vuelto la imperante necesidad de hacer uso de esas habilidades que uno adquiere al principio de la vida académica y que explota al gusto: Necesito volver a leer y a escribir, con acento en "necesito".

Mi lectura y primer encuentro con Haruki terminó en un final tan hipodérmico que además de la pasión por la lectura, mis ojos recuperaron otro hábito perdido del cual prefiero hablar en otra entrada.

¡Gracias Murakami!


"Tokio Blues nos enfrenta a emociones y a lugares que la sociedad quisiera esconder a toda costa, como los velatorios y los hospitales, los puentes donde viven los mendigos. En esta novela se subraya un tipo de belleza que nunca vemos en las revistas de moda o en los comerciales: la belleza de la fragilidad humana, de las cicatrices emocionales. Las mujeres de este libro son hermosas por hipersensibles, inadaptadas y freaks, y porque su historia las vuelve únicas. Se trata de un relato lacerante y a la vez de una vitalidad que sorprende, sin artificios; una novela honesta como pocas. Al terminar la lectura, conviene repasar otra vez las páginas del inicio. La sensación entonces es totalmente distinta y permite situar a Tokio Blues en el grupo al que pertence : el de los libros que habría que leer cada vez que olvidamos cuáles son las cosas importantes de la vida. Poco importa si es comercial, repetitivo o pop, Murakami, nos conecta con los voltajes de nuestra adolescencia, recorre el velo que oculta la intensidad del mundo, y nos convence una vez más de su genio indiscutible. Sólo quedan dos opciones : odiarlo o agradecerlo..."


Fragmento de Guadalupe Nettel para Letras Libres 

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.