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De intimidad y sexo...


Por alguna extraña razón que puede abarcar desde cuestiones socio-culturales hasta "mochismos" convencionales y deformaciones adquiridas del sujeto-objeto, estas dos palabras no sólo suelen asociarse sino hasta confundirse. Con lo anterior no quiero decir que de alguna manera no estén ligadas, lo que intento explicar es que una no lleva a la otra ni la ausencia de la una anula la otra.

Las personas pueden tener altos grados de intimidad sin necesidad de tener sexo y así mismo pueden tener sexo con grados mínimos de intimidad.

Comencemos por definir la famosa "intimidad":

Intimidad:  Se refiere a todas las diferentes dimensiones de nuestras vidas -sí, la física también, pero también la social, emocional, mental y aspectos espirituales-. Intimidad realmente significa compartir totalmente

El sexo es un momento de intimidad, no es la intimidad misma. El sexo es una posible conexión en tiempo y forma, y el antes y el después del mismo pueden tener una sobredosis de intimidad mucho mayor a la que se comparte durante. 

Las pláticas previas y posteriores, los abrazos y hasta el dormir juntos, representan niveles íntimos altos que hacen posible la diferencia y el peligro entre una "aventura" de una noche y una relación como tal. Este tipo de situaciones pueden generar confusión, sobre todo en las mujeres que en la mayoría de los casos tendemos al pensamiento abstracto ("y si", "es que quizá hizo esto por esto", "es que me abrazó", "es que ¿por qué me pidió que me quedara a dormir?" etc) , mientras que el género masculino en su mayoría tiende más bien al pensamiento concreto (esto, aquí y ahora)

Cada vez que compartimos una anécdota, un pensamiento, una situación, un gusto musical, un momento específico; cada que creamos lazos presentando a nuestra gente, nuestros espacios, nuestro mundo, la intimidad va in crescendo. 

La sexualidad es, sin duda alguna, parte medular en las relaciones de pareja, pero es la intimidad lo que justamente hace la diferencia entre una mera relación de tipo sexual y una relación como tal. En términos meramente de compatibilidad, no con todo el mundo se puede tener buen sexo y con todavía muchas menos personas se puede tener una real intimidad. 

En casos favorables y de ser posible, la equitativa mezcla de ambas cosas generalmente desemboca en la convicción del "amor". Pero en esta parte las opciones a discutir se vuelven varias y variadas porque las relaciones humanas tienen demasiadas vertientes. Dejemos eso para otra entrada.

La tendencia actual en relaciones pareciera inclinarse hacia la poca intimidad y la mucha sexualidad, quizá lo anterior se explique más fácilmente con la frase de Hodge que estipula: "Entre más nos acercamos a alguien, más grande es potencialmente el dolor. Es el temor al dolor lo que frecuentemente nos aleja de la búsqueda de la verdadera intimidad"

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.