Del Temazcal y otras vulnerabilidades...

La primera vez que entré a un Temazcal fue por ahí del 2010. Estaba de paso por Oaxaca en un viaje sanador. La verdad es que hubo un punto en el que lloré pero en un llanto totalmente recuperador que no tenía nada que ver con otra cosa que con mis emociones. Quien dirigía la experiencia estaba afuera y dentro del pequeño igloo estaba sólo yo con la clara consigna de que si quería salirme sólo tenía que decirlo. En ningún momento quise pedirles que me sacaran, al contrario, la experiencia completa me pareció increíble.


La última vez, y cuando digo última I fucking mean it, fue hoy. La historia fue totalmente distinta. El tipo igloo era más grande que el de Oaxaca, quizá el doble, pero esta vez me acompañaban otros -al menos- 13 individuos, entre los que había sólo una conocida (quien me regaló esto obviamente con la mejor de las intenciones)

Desde el momento que entramos intenté ponerme cerca de la puerta y desde antes de que la cerraran el calor era ya casi insoportable, el piso estaba mojado y el lugar era tan pequeño que la gente comenzaba, literal, a sudarte encima. Dentro de las instrucciones nos dijeron que si no aguantábamos el calor, podíamos sentarnos en el piso en donde el ambiente era más frío. También dijeron que si de plano no aguantábamos, podíamos ir al baño ahí mismo, pero que de preferencia no lo hiciéramos (alguien debió haber tomado una foto de mi cara). Explicaron algo de que abrirían la puerta cierto número de veces y otras cosas que empezaron a pasarme desapercibidas porque el calor empezaba a hacer estragos. Finalmente cerraron la puerta y todo quedó completamente obscuro.

Así que para cuando eso pasó estábamos dentro los al menos 13 individuos, un Shaman y creo que dos tambores. Al primer tamborazo en el encierro brinqué y empecé a sentir como se me aceleraba el corazón en una taquicardia rarísima. Empezaba a costarme trabajo respirar y no creo haber durado ni 3 minutos de pie. Me senté y las gotas de sudor de sepa Dios quien me caían encima y yo intentaba pensar, calmarme, escuchar sus cantos, entender cómo carajos todos los demás lo estaban logrando y yo empezaba a perder total control de mí. Empecé a apanicarme. Empecé a mover tan rápido la maraca que me habían dado que en algún punto sentí como se rompió. Cuando acabaron su primer cántico y con la voz cortada dije "Perdón, pero tengo que salir", por supuesto que el Shamán empezó con un choro que decía algo como que todo estaba en la mente, el problema es que mi mente y su poder me habían abandonado. Me dijo que me acostara y era tal mi desesperación que me acosté sobre el mismo sudor mezclado de quien sabe quién. La cosa no estaba mejorando y lo que quería era que me sacaran. Me preguntaron si me sentía mejor, si podía aguantar y dije algo como "no, de verdad tengo que salir". Luego me perdí unos segundos y cuando abrí los ojos la puerta estaba abierta y un tipo me decía bajito que no iba a pasar nada. 

Alcancé a escuchar al Shamán decir que todos se callaran, no era necesario, todos estaban calladitos, viéndome con cara de WTF y los pocos sonidos que había me parecían lejanos. El Shamán le pidió al mismo tipo que me hablaba bajito que me echara agua helada, que no me tocara, que solo me pasara su energía. Y así fue... agua helada en la panza, en los brazos, en el cuello y empecé a llorar sin el más mínimo control sobre mi persona mientras el Shaman me decía que sacara la emoción, bla bla bla, bullshit, bla bla bla, no había otra emoción que un ataque de pánico y claustrofobia que nunca, nunca había sentido.

Finalmente me dijo algo como "Ahora puedes salir, pero también puedes quedarte y enfrentarte a lo que te puso así", yo quise creer que se refería a los pinchemil grados centígrados a los que estábamos, pero el seguro hablaba de mis emociones escondidas y los chacras y el karma y enemil mamadas que en ese momento, créanme, no tenían nada que ver. Me preguntó mi nombre como tres veces, me imagino que estaba cerciorándose de que no estuviera perdiendo el sentido. "Ahora entra tu libre albedrío, ¿te quieres salir, guerrera?" algo en mi pensó "No mames "guerrera", OBVIO ME QUIERO SALIR" Luego pidió que me dieran un aplauso. El chiste se cuenta solo.

Me sacaron. Un chavillo que estaba afuera me veía como conmovido y me dijo "Perdón pero te tengo que echar una cubeta de agua helada encima porque si no te vas a enfermar", lo miré asintiendo con la cabeza, lo que quería era irme. Empapada de pies a cabeza fui a buscar mis cosas. Nadie me preguntó nada, nadie nada. Salí caminando. Pensé en pedir un taxi pero no quería esperar ahí ni 15 minutos más. Todavía caminé unas cuadras bastante apendejada. Los cercanos leerán esto y pensarán "¿Por qué no me hablaste?" el problema es que la única persona que pensé en llamar era a la única que no podía hacerlo. De esas cosas que pasan en los momentos de tensión, pero ese... es otro post.

Así que caminé, sólo quería llegar a mi casa y que alguien me abrazara y me dijera "ándale, llora como niña, sé bien mujer y llora por esta pendejada, equis, no pasa nada". Finalmente me subí a un taxi, llegué a casa y recibí un mensaje de la querida Edda a la que le tocó chutarse el llanto ese que me traje de aquel lugar y que me duró un buen rato. Me metí a la regadera media hora. 

En fin... vulnerable, como nunca antes y como espero nunca jamás. Unas cuantas cubetadas de agua fría adentro de esa madre y otras tantas de camino a casa. 

Equis. Mañana pasa, como todo, pero hoy descubrí, entre otras cosas, que quizá si tengo un poco de claustrofobia.


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Verónica Gsm
Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.