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De "Sin Dios y sin Diablo..."


Me pasa cada vez más seguido: no logro concentrarme en un libro. Por razones que desconozco, cada vez me es más complicado que alguno me atrape y me haga llegar hasta su última página, cosa que antes me era muy fácil. 

Actualmente tengo una repisa con tres libros empezados y ninguno leído más allá de la mitad, pero mi romanticismo mágico-cursilesco-musical siempre me ha hecho creer que los libros, al igual que muchas otras cosas en la vida, te encuentran y aparecen en momentos icónicos que incluyen revelaciones que hay que saber descubrir con todos los sentidos.

El libro que ilustra y da pié a este post lo descubrí en un avión que me llevaba a Oaxaca (primer ¡PUM!), era parte de las recomendaciones de la revista de la aerolínea y el título (segundo ¡PUM!) me llamó la atención porque la palabra "diablo" parece haberse vuelto una key word bien posicionada en mis buscadores más personales, aunque debo reconocer que esta vez me llamó más la atención por incluir la preposición "sin". En ese momento me sentía justo como el título, pero esa... es otra historia.

La sinopsis (tercer ¡PUM!) es maravillosa, promete un libro con un poco de todo, así que en cuanto volví al DF me dí a la tarea de buscarlo. 

Como ya expliqué en otro post, mis lecturas siempre están acompañadas de un marcador, lápiz o simil porque tengo una necesidad enferma de subrayar cualquier cosa que en ese momento me haga ruido; como ya dije, principalmente lo hago a manera de recordatorio, porque sé que pasado el tiempo, esos textos subrayados hablarán muy bien de cómo me sentía cuando los leí. Digamos que es mi historial emocional escondido entre las líneas de mis propios libros.

Lo maravillosamente criminal de este libro de Celia Gómez Ramos es que desde la página uno me tuvo subrayando como cuando en la prepa uno no sabía sintetizar y marcaba todo. No he podido evitarlo, me ha tocado tantas fibras y tantas cosas que en este momento están tan frescas, que la subrayadera ha estado a la orden del día.

Es la historia "paralela" de dos mujeres, Carlota y Camila, que tienen una relación familiar tan lejana como cercana. Lejana porque hay una diferencia considerable en sus edades y porque nunca tienen una plática como tal, pero cercana porque una encuentra el diario que la otra escribiera en su juventud y se crea una complicidad que tiene tintes históricos, emocionales y eróticos, pero eróticos de a deveras, no jaladas, como ciertas trilogías. Anibal es el nombre del detonante que nunca falta.

Me lo llevé a la playa con apenas un cuarto de lectura y regresé para terminar leyendo detenidamente las últimas 10 páginas. Pinchemelancolíadeacabarunlibrochingón.

No sé a ciencia cierta si es un libro bueno o malo, pero sé que en este momento resultó ser un libro sumamente atinado, y mi criterio como lectora, las más de las veces, está basado en eso. 

Ya Sabines usó la misma frase que da título a este libro en ese poema que me gusta por el mismo motivo que me gustó el libro, por el ruido, y por primera vez en mucho tiempo, el ruido no lastima, me gusta y nada tiene que ver con la key word

Ahí les dejo algunas citas; por si ocupan; por si también les queda el saco. Por las muchas veces que mientras lo leía pensé "¡Pinche libro!", en el mejor sentido posible; por "los 13 puntos" que tendrán que encontrar si lo llegan a leer y por ese "Anibal" que para todas se llama diferente.

"La imaginación es la única limitante de las pasiones, lo que no se controla ni se domina, a veces, casi todas las veces, ayuda a encenderlas."

"Escupir la vida parecía necesario por el vértigo en las tripas. Vomitar. Eso es lo que uno desearía al mirar el abismo. Eso es lo que uno quiere cuando no sabe por dónde pisar, cuando no se sabe a dónde pretendes llegar, si lo podrás lograr, o peor aún, cuando sabes a dónde quieres llegar, pero después no sabes qué sigue. Cuando se alcanza ese punto en la vida no queda más que optar entre correr el riesgo o huir de inmediato. Si te esperas, puede ser demasiado tarde; si corres, podrás lamentarlo tal vez el resto de tu existencia."

"Primero me asusté de mi misma y después perdí la cabeza."

"Y una dice que eso no le ocurrirá a una, que domina la situación; pero cuando te das cuenta, te jugaste una mala pasada tú misma."

"Ambos se quedan donde están o saltan al barranco, con raras posibilidades de salir ilesos, quizá eso sí, mordidos y saboreados el uno al otro"

"Nos besamos tanto como si se nos fuera a terminar el mundo, como si ahí acabara todo."

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.