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De cómo pasé de Sabina a Jarabe De Palo...


Si les explicara el motivo que me lleva a escribir este post, tendría que matarlos. La verdad es que sigo en un proceso Freudiano de denegación (Si no entendieron un carajo de lo anterior, sean tan amables de Googlearlo), pero quien me conoce mínimamente sabe que si escribo, es por algo. Punto. Fin. No más evidencias al respecto.

Verán ustedes, en cuanto a relaciones se refiere hay tantas cosas que me valen un  pepino (la boda, el reloj biológico, que me lleve a conocer a sus papás, que tenga coche, mucho varo, si es correcto, si no, que esto, que lo otro...) que aquellas que verdaderamente me importan se convierten en algo más valioso que el anillo para Gollum. Soy fanática declarada de la naturalidad, de la sorpresa, del detalle, de las "netas" y el "No bullshit", de lo que siempre he llamado "click" y que ustedes pueden bien llamar como mejor les convenga (química, hambre, ganas, enamoramiento, etc.) En fin, todo aquello que produzca la combinación macabra de feniletilamina, dopamina, adrenalina y símiles.

Todo esto sale a colación porque hace casi una semana, mientras desayunaba con una amiga, la individua tal, que me conoce desde que éramos unas teenagers perdidas por el mundo, tras escuchar cierta historia, me invitó a la introspección pidiéndome que pensara cuántas veces me había enamorado de a devis... ¡Ay güey!, pensé. Claro que la muy ladina lo hizo con total alevosía y ventaja porque yo estaba intentando negar por todos los medios el mismo motivo que me lleva a este post. Me miró unos minutos mientras yo llevaba a cabo mi honesto proceso mental hasta que escuchó de mi propia boca las palabras mágicas que a ella le dieron el triunfo psicológico y a mí la claridad: "Ya valí madres"

Pero ¿saben qué? lo dije con una sonrisa tan ofensiva (Que además estaba a punto de potencializarse... pero esa, es otra historia) que me valió y me vale madres que haya la más mínima posibilidad de que ya haya valido idem (Denegación, insisto) Quizá mi valentía extrema se deba a que estoy en la fase eufórica, esa en la que de pronto te das cuenta y entiendes todo en ese Tetris mental que empieza a acomodar todas las piezas de a una y ya no importa qué pase afuera, adentro todo está de poca madre y las endorfinas trabajan a dobles y triples turnos.

Para continuar con esto, permítanme declarar que soy una cobarde degenerativa; lo cual no quiere decir otra cosa más que con los años me he vuelto aún más coyona. El punto es que aquel miércoles, en medio café y dos tragos de jugo, y gracias a las sabias palabras de mi amiga de años, me di cuenta de que, a diferencia de lo que pensaba, cuando tengo miedo sí corro, sí grito y sí empujo. 

Pero para terminar la evidenciada y cerrar este post, no puedo evitar pensar en esa canción de Jarabe de Palo que le da título a esto y que dice... "Si salgo corriendo, tú me agarras por el cuello..."



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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.