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De la agonía de las mariposas...

                                                           
Ahora que tengo trabajo como para aventar para arriba (insisto que gracias a la influencia que mi abuela está ejerciendo sobre los planetas, allá a donde se fue), que tengo las manos tan ocupadas como para mantener mi cabeza lejos de los malos pensamientos, de hecho lejos de cualquier pensamiento que no sea el monitor y el teclado de esta computadora, resulta que todas las noches me dan ganas de meterme a este blog y vomitar un poco de letras. Así es esto, cuando hay tiempo no hay inspiración y así. En fin...

Las mariposas... esos famosos seres a los que les hemos puesto encima la responsabilidad de hacernos sentir que todo es posible, las ganas extremas de hacer locuras y la imagen misma de lo que otro ser humano puede lograr sobre nosotros. Soy adicta. Lo confieso, lo asumo como la cruz que cargaré siempre y hoy me doy cuenta de que definitivamente no puedo vivir sin ellas y que tal hecho es posible que termine costándome muy caro. Tendrían que gustarme más los convencionalismos, los amores serenos, la compañía sin fondo, pero no, ¿Qué le voy a hacer?

La famosa sensación de mariposas se alimenta de cosas bien simples, al menos en mi caso, el proceso es fácil y si alguien da en el clavo se reproducen en tiempos y cantidades que le darían miedo a cualquiera. El problema es que ser adicta a ello hace que note de inmediato cuando estas empiezan a morirse, cuando la rutina se convierte en una red que las va atrapando una a una hasta acabar con todas. Y el problema mayor está en que todo parece indicar que en las relaciones humanas todo tiene una fecha de caducidad y termina por volverse mecánico, antinatural, pierde la frescura y va cayendo en la monotonía del día a día. Y se pierden los detalles, y se pierde la sorpresa y así terminan los ciclos. Sad but true.

Peeeero... no todo está perdido. Resulta que mientras quede una por ahí, revoloteando, cabe la enorme posibilidad de que esta pueda volver a reproducirse en circunstancias y con personajes diferentes. Incluso cabe la remotísima posibilidad de que la reproducción suceda con la misma persona. Quizá ese es el pago por la caducidad, la posibilidad de volver a empezar, de volver a sentir.

Me tatué en la espalda una palabra clave para mí: "Tsa", que significa justo eso, "sentir" pero en otomí. La palabra va seguida de un punto y una mariposa que tienen una historia que no cabe en este post, pero la palabra misma es un recordatorio de que no puedo detenerme, de que no importa cuáles sean las circunstancias, esa es mi fuente de poder. 

Así que me imagino que el proceso tal de las mariposas se resume en esa famosa frase que dice "Mientras se vacía el vaso y emprendo mi camino". Sepa.

Comentarios

  1. Querida Vero,
    De ninguna manera coincido con eso de "vomitar" palabras... Aunque quizás si lo penso un momento, la piensas como "depurar" y ahí puedo coincidir contigo.
    Que emoción que sientas tan seguido a las mariposas y que sean no sólo emociones sino acciones y textos deliciosos como los que ofreces o tus magníficas frases que son como aquellos libros que al abrirlos, en la página que sea, ahí están las palabras que se necesitaban. Me encanta leerte aunque en ocasiones en verdad me conflictúan ciertas palabras y no encuentro qué escribir.
    Hoy, por ejemplo, las mariposas que sentí, digamos que se murieron como si les faltara el aire, podría imaginar como caían como hojas en el otoño (parafraseando lo leído)... Complicado... Supongo que eran sentimientos...

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  2. Gracias por comentar, Eu! Definitivamente el acto de "vomitar palabras " lo veo como algo incontenible, que gracias a Dios se me tiene que salir de la boca (en este caso las manos) antes de que me ahogue.

    Lo de las mariposas no es que lo sienta tan seguido, de hecho cada vez me pasa menos, pero si te digo que cuando pasa, cuando alguien logra moverlas, pffff... termino metiéndome en problemas, pero problemas ricos, de esos que un día vas a recordar sonriendo.

    Qué les pasó a tus mariposas?

    Saludos!

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

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Fologüers.