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6072...


Juan Pablo y yo nos conocimos en el 2005 en un viaje a Las Vegas que hicimos con una amiga en común, Blanca. Los 3 estábamos en EU trabajando como Au pairs (sí, Juan Pablo también trabajaba como nanny) y recuerdo bastante bien el momento en el que Blanca nos presentó en el lobby del hotel Bally. Lo primero que uno notaba en él era su sonrisa enorme, franca y lo mejor, permanente.

En aquel viaje nos hicimos tan cómplices como pocas veces me ha pasado en tan poco tiempo, y para cuando cada quien regresó a su lugar en Gringolandia (El a Denver y yo a Virginia), descubrimos que pertenecíamos a la misma compañía celular; conveniente situación que nos permitía hablar gratis por horas y horas y que aprovechamos de tal forma que mis amigas ya alucinaban el tono de mi teléfono y sus amigos ya lo odiaban con el celular siempre en la oreja.

En aquellas muchas llamadas nos contamos muchas cosas que no nos había dado tiempo de contarnos en Las Vegas, el lazo se hizo más grande y se nos hizo muy fácil un día decir "Encontrémonos otra vez, encontrémonos en NY". Así que cada quien tomó su maleta e hicimos todos los planes para el reencuentro, para pasar en NY el 4 de Julio del 2005.

Lo cierto es que las situaciones extremas siempre pulen los recuerdos y ahora tengo muy claro el momento en el que llegué al aeropuerto de Nueva York, ahora tengo claro hasta lo que llevaba puesto. El había llegado antes y me esperaba en el hotel con lo que llamó "una lujosa cena": Mc Donalds de 24 horas. Así era Juan Pablo, lleno de detalles, de palabras cariñosas y adjetivos de esos que a las mujeres nos sacan tremendas sonrisas.

Pero la distancia había sido demasiado intensa para encontrarnos con la realidad de que él no había sanado una relación de años cuyo fantasma arrastró hasta Manhattan y que de alguna manera terminó con lo que no tuvimos ni tiempo de empezar. La poca madurez de aquel entonces no me dio para entender que no era culpa de nadie y yo sólo quería agarrar mi maleta y volver a Virginia antes de lo previsto.

Pero la vida, como siempre, tiene sus caminos y sus "por qués" bien definidos. El 3 de Julio, mientras caminábamos por la 5a Av, Juan Pablo recibió una llamada desde México avisándole que su papá había fallecido. No voy a ahondar en esa parte de la historia pero sin duda es una de las cosas más fuertes que he vivido y me costó mucho tiempo entender que simple  y sencillamente me tocaba estar ahí.

El volvió a México por unos días y yo volví a terminar mi ciclo como Au pair. Me fui a Londres y a Amsterdam, nos escribimos, incluso hablamos por teléfono, pero de ahí en adelante todo se fue haciendo menos hasta que finalmente, a un día de que yo volviera a México definitivamente, decidí no contestarle sus llamadas desde Denver...

En fin...esa... es otra historia.

Ya más grandes, mucho menos viscerales y con el recuerdo de una bonita amistad, nos escribimos en un par de ocasiones,  pero el 3 de Julio del 2010 recibí un mensaje conmovedor que empezaba diciendo "Hola bonita...". 5 años después me agradecía haber estado con él 5 años antes y me decía que en aquel momento había sido un ángel al que llevaría siempre en el corazón y entonces me quedó clara mi misión en su vida y ¿por qué no? su misión en la mía.

Hace un par de meses, estando nuevamente en NY y por las mismas fechas, pasé por el mismo lugar en donde le dieron la noticia aquella y no pude evitar escribirle. Me contestó y cerramos con el típico "A ver si un día nos vemos"

Juan Pablo portaba ayer el número 6072 en el Maratón de la Ciudad de México. Al terminar el Km 42, en un tiempo increíble, su corazón se detuvo. La noticia la recibí por Twitter y debo decir que me quedé fría, que aun hoy no lo puedo creer. Tenía sólo 33 años y poco más de uno de haberse casado. Pensé en su familia a la que nunca conocí en persona pero de la que tanto me habló, en su mamá, en sus hermanos, en su esposa; pensé en lo frágil que es la vida y en el mucho tiempo que perdemos en cosas que no tienen sentido.

Hoy en la mañana me topé con su foto de ayer al llegar a la meta de la carrera y me llenó de alegría saber que la cruzó como siempre, con esa sonrisa enorme. Podría decirles una gran cursilería como que desde donde esté seguro está sonriendo igual, pero la verdad es que no creo en esas cosas, lo que sí sé es que siempre sonreirá así desde mi memoria.

Buen viaje, JP.

Comentarios

  1. Hace días escribía : Creo en el tiempo, creo en los amigos pero no creo en el destino; me mandaron a ver una película llamada "maktub" contrario a lo que me imaginaba la película me encantó no solo porque tiene un mensaje enriquecedor sino porque el tono es de comedia. Tu historia bien podría llevarse a la pantalla grande, pero es que a veces la realidad supera a la ficción. No sé si fue destino, yo pienso que no, simplemente la magia de la vida permitió que conocieras a un ser así, y si lo es, pues no lo sabremos hasta que terminen tus días, porque la vida es así, no sabemos para qué venimos hasta que nos vamos. Gracias por compartirlo.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.