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De silencios... de los míos en especial


El silencio... ese lapso de tiempo tan interpretable que se vuelve lo mismo un aliado que el peor de los enemigos porque por más pequeño que sea, siempre le caben demasiadas palabras.

Debo comenzar diciendo que el silencio, en mi caso, siempre ha representado un límite, MI propio límite. Las personas que me conocen saben que cuando callo es cuando más cosas suceden en mi cabeza, y quienes de verdad saben quién soy comprenden que mi silencio hace alusión a aquella frase: "El silencio también es una respuesta"

Debo decir que mi silencio es mucho más selectivo que yo, y que para romperlo es necesario utilizar palabras sencillas pero inteligentes, o al menos honestas. Es decir, para romperlo es necesario darme buenos motivos.

Los extremos sentimentales siempre me han llevado al mismo lugar. Entiéndase como extremos el enojo, la tristeza, la decepción y demás sensaciones, que a mucha gente le hacen soltar de gritos e improperios, a mí me ponen en OFF. Es así que muchas veces mis silencios se han interpretado como berrinches y no como una herramienta útil para evitar los mismos. Mi proceso de silencio es una introspección tal que me alcanza para analizar y sanar sin tener que pelearme con nadie porque, generalmente, no le veo necesidad.

Ahora bien, lo anterior no es presuntuoso, no me hace un dejo de bondad ni me hace sentir tan orgullosa como quizá ustedes piensan. La verdad es que, más últimamente, me gustaría no callarme y gritar o al menos hablar en los momentos precisos; pero la verdad también es que soy poco atinada, que como de entrada soy toda emoción, para cuando racionalizo las cosas y  logro hacerme de una opinión sobre las mismas, resulta que cualquier cosa que quiera decir puede resultar poco asertiva en tiempo y espacio.

Quizá por eso escribo, porque la palabra escrita siempre resulta ser mi canal de transmisión más directamente conectado a la verdad.

Solamente una vez y un alguien han logrado sacarme tanto de mis casillas como para hacerme decir y hacer cosas en momentos de tensión, pero el resultado fue tan negativo que lo más positivo fue volver a mis antiguas prácticas de callarme.

Hoy es domingo y no tengo ganas de decir ni pío. 

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.