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De amor y otras curiosidades...



Se dice que... una de las cosas que distinguen a los chavitos y no tan chavitos es querer probarlo todo (o en algunos casos, casi todo) por el simple y empírico hecho de saber "qué se siente". Y subrayo la palabra empírico porque no hay nada más cierto que eso de que "Nadie escarmienta en cabeza ajena", y el empirismo es justamente la primera escuela de la vida. Es así como aprendemos que el fuego quema, que las puertas machucan, que brincar desde la cama te puede descalabrar, entre amplios y variados etc, etc, etc.

Pero resulta que nuestra "curiosidad" crece a la par de nosotros y las cosas que deseamos probar van cambiando de tono. Y entonces aprendemos lo que provocan el alcohol y en algunos casos las drogas, aprendemos lo que se siente que te rompan el corazón, aprendemos a besar y por qué no, aprendemos de nuestro cuerpo y, Thank God, del de los demás, y así sucesivamente...

Hace días, en una de mis caminatas (Tipo Raramuri, diría @flakys), me preguntaba por enésima vez por qué las cosas del amor se le están complicando tanto a tanta gente de mi generación (entre quienes obviamente me incluyo) y pensaba que quizá se debe a que estamos ávidos de saciar nuestras "curiosidades", lo cual no está mal, ¡al contrario!, el problema es que nos da por andar curioseando en diversos lugares y resulta que cuando logramos satisfacer nuestra curiosidad de una persona, cuando la adrenalina alcanza sus máximos niveles, inevitablemente nos cae la cubetada de realidad (Namás como referencia láncense a ver "Triste canción de Amor")

Y bueno, la realidad más real del mundo mundial es que TODOS somos humanos y creo que no tengo que explicarles lo que eso significa, sólo lo resumiré diciendo que, lo creamos o no, todos y cada uno de nosotros tenemos defectos y virtudes. Sea como sea que esté equilibrado ese combo, el combo invariablemente incluye ambas cosas.

Pero es que digo yo, ¿Quién no ha tenido un crush (o varios) con alguien (o varios "alguien) con el que nada más de verl@ babeas por besarl@?, y entonces, como los humanos somos taaaan imaginativos, pues la mente nos da para ver la película completa en nuestras mentes y según nuestras propias prioridades que pueden ser desde sexuales, emocionales, económicas y hasta matrimoniales. 

Ese, queridos todos, es el momento mismo de la idealización. Ese maravillo instante en el que nuestras hormonas encuentran compatibilidad con las de otro y ¡zaz! comienza el cortejo, las llamadas, las miradas, el coqueteo, los mensajes de Whatsapp que duran horas y horas, las publicaciones en el muro, los "me gusta" en tus fotos, y todas las demás variantes del "amor" post-moderno.

Ah, pero no todo es miel sobre hojuelas, no, no, no. Al cierto tiempo te das cuenta de que el sujeto o la sujeta en cuestión tiene defectos ¡Agh! ¡HUEVA!, tú, que eres un adulto, un (a) hombre/mujer independiente, que generalmente pasa de los 25, ¿Por qué carajos tendrías que aguantarle sus pendejadas a este o esta?

Vuelvo a los puntos básicos de la humanidad y me atrevo a decirles, con temor de causarles un fuerte shock, que... 

¡TODOS COMETEMOS PENDEJADAS!

Claaaro que hay de pendejadas a pendejadas, y para eso todos tenemos una balanza personal que nos indica que es lo que sí podemos aguantar y que es con lo que de plano no vamos a poder. Y entonces, caminando sobre Insurgentes, ¡se hizo la luz!... El mayor problema de mi generación, y de algunas cercanas, es que una vez que pasa la emoción inicial y descubrimos que la persona no es un ídolo sino un humano, ya no estamos dispuestos a invertirle tiempo ni esfuerzo. Eso aunado a que, como diría el buen Osceransky: 

"Justo ahora, con tantos avances tecnológicos, casi todos encaminados a acercarnos más, a comunicarnos más, es cuando más incomunicados estamos"

Nos sorprendemos de las épocas de nuestros abuelos en las que las mujeres aguantaban vara y aceptaban todo calladitas, en las que difícilmente se realizaban acuerdos en pareja, pero ahora que tenemos, que nos hemos ganado el derecho natural de hablar, de dialogar, ahora resulta que no sabemos negociar, que todo tiene que ser como se nos pinche-da-la-gana porque si no no funciona. Y siendo así, el resultado predecible es que viviremos eternamente decepcionados al descubrir que todos y cada uno de los hombres y mujeres con que nos topemos en la vida tendrán un puñado diverso de defectos.

Mi conclusión al respecto fue breve porque tenía que caber en menos de 140 caracteres y dije así:

"El amor es eso que queda una vez que se ha saciado la curiosidad. Todo lo demás es sólo eso, curiosidad"

No sé ustedes, pero yo ya no estoy en edad de creer que el amor es regalarse globos y chocolates, escribirse cartas, decirse "te amo" namás porque así se usa y no porque así se siente. Yo estoy en la edad en la que quiero conocer a alguien que tenga muchos defectos, pero que entre sus mayores cualidades estén la tolerancia, la perseverancia, la convicción.

Yo sólo sé que el día que decida amanecer muchos días de mi vida con alguien no va a ser porque es guapísimo, ni perfecto, ni el hombre ideal para mis amigos o para mi familia; va a ser porque esa persona tiene tantos o más defectos que yo, pero lo sabe y está dispuesto a vivir y convivir con ambos tanto o más que yo.

Aceptémoslo de una buena vez: No existe la persona perfecta para uno, existen personas compatibles contigo, y la compatibilidad máxima va mucho más allá de la cama, de las risas, la compatibilidad real es una cuestión de tiempo y de chamba. Y esa persona será siempre tan perfecta como tú estés dispuest@ a verla.

Pa los 32 que ya les manejo, una ya sabe que el amor no es un corazoncito y que los chick-flicks nos han mentido BIG TIME. A los 32 uno debería ser capaz de vivir mucho más en paz y sin la necesidad constante de preguntarse "¿Qué habré dicho/hecho mal?"

En fin... Hay una estrofa maravillosa de una canción IDEM que posteó más abajo y que dice así: 
"I´d rather be working for a paycheck than waiting to win the lottery"

Comentarios

  1. Coincido contigo cuando afirmas que el amor es algo más grande y complicado que una caja de chocolates en San Valentín o un día de cine y palomitas o un buen acostón. Sabes cuál es el problema o por lo menos el mío que no sé qué tan dispuesta estoy a tolerar al otro, o mejor dicho que tan dispuesta estoy a tolerar lo que soy en presencia de otro, en la convivencia con el otro. Me da miedo, bueno, pánico perderme en la convivencia, ceder tanto que no encuentre un día a la persona que fui. No, no es cosa fácil el amor.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.