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Sobre este año que termina, por fin.

Estimado 2018,

Podría ser ultradramática y empezar diciéndote que has sido malo, pero sé que muy probablemente habrá peores, porque aunque tuviste "tus cosas", poniendo una balanza sé que me dejas más ganancias que pérdidas.

Para mí el Año Nuevo tiene un significado muy importante. Sé que hay para quien el paso del 31 de diciembre al 1o de enero es sólo un día más, pero para mí es un quiebre, es volver a poner el contador en ceros llevándome todas las lecciones del año previo, y la oportunidad de ponerlas en práctica en el siguiente. Por eso la cuenta atrás del diez al cero invariablemente me planta un nudo en la garganta, porque sentir que me desprenden de un año me parte un poquito el corazón.

No comenzaste muy bien; en tus primeros minutos te viví más bien triste, desconcertada y con una incertidumbre delachingada. Creo que desde ese momento supe que aquello no era ningún buen augurio. Pero llegó enero, mi cumpleaños, mi día favorito del año (ahora, gracias a ti, comprendo porqué me gusta tanto) y comenzaste tu trayecto. 

Los primeros 6 meses del año, sin que nadie se diera cuenta, fuiste asentando las bases para los últimos seis. Fuiste mostrando cosas; me fuiste despertando de ciertas fantasías y me obligaste a abrir una caja de Pandora de la que sigo sacando demonios de muchos tamaños. 

Junio fue un parteaguas en tantos sentidos, que el viaje hasta hoy, diciembre 30, se ha sentido rápido y al mismo tiempo eterno. Cuando me subí a aquel avión no tenía ni idea de la revolución que se avecinaba, de como poco a poco ibas a ir acomodando las piezas. En junio fuiste tajante y sin reservas me preguntaste "¿Esto quieres? ¿Entonces por qué te conformas con mucho menos?" y de ahí ¡PUM!, la pregunta resultó ser un reactivo que me llevó a jalar el hilo de una madeja que sigue y sigue rodando.

Me obligaste a rascar en los huecos más profundos y olvidados, esos que uno abre en defensa propia y para seguir siendo funcional en el mundo, pero hoy sé que lo que encontré en ellos me ha hecho crecer y con suerte me hará tomar mejores decisiones no sólo en el 2019, sino en los años posteriores.

Me demostraste con una que otra epifanía que esta no es una vida común y corriente, que quizá tendría que seguir el consejo que me dieron hace unos días y ponerme a escribir más; ya veremos.

Golpeaste durísimo a mi círculo más cercano, cabrón. Pero doy gracias porque todos seguimos aquí y más unidos que antes. Porque hemos compartido las pérdidas, las enfermedades, los finales de ciclo, las cosas que duelen, y es ahí donde se ponen a prueba los afectos. 

Te vas, 2018, te llevas todo lo que te llevaste y sin embargo, no podría sentirme más afortunada.

Volví a creer en los astros, porque a veces la falta de respuestas te lleva a  buscarlas en lugares extraños. Pero más allá de lo anterior, rescato el hecho de seguir creyendo en la magia. Alguien muy querido me hizo un regalo muy especial hace unos días, algo que traigo en mi cartera y que contiene su deseo para mí y el que a pesar del tiempo sigue siendo mi deseo más grande: ojalá, porque aquí estoy, aquí sigo. 

Me llenaste de trabajo, eso te lo agradezco con toda el alma; jamás, en ningún otro año, había tenido tanto que hacer. Lo anterior hizo que pusieras tantas cosas en mi mente y mi corazón, que olvidé cumpleaños y fechas importantes de gente querida que espero pueda disculparlo. No me dio la vida para estar en todos lados y con todo el mundo, y aunque suelo intentar estar ahí siempre, para todos, este año hubo momentos, muchos, en los que necesité estar más para mí, y ese aprendizaje, ese egoísmo necesario, me lo llevo a los años que sigan.

Contigo aprendí, aunque suene a canción, que los vínculos no vienen incluidos en los genes, que estos se construyen y se trabajan de manera bilateral todos los días. Me hiciste elegir mejor a mi familia y comprender que hay que abrazar fuerte las raíces para que cuando sientas que todo da vueltas, tengas de dónde sostenerte. Me hiciste comprender que nada tiene que ser forzado, que en esto de los lazos sí es posible elegir y que he elegido bien. No toda mi familia lleva mis apellidos, pero los que están realmente están y son muy míos.

Te vas en unas cuantas horas y tengo sentimientos encontrados. Por un lado me urge que termines para poder recomenzar, y por otro, te quedas en mi memoria como un año que me engrosó la piel y me hizo tomar un camino que no sé si sea mejor, pero sin duda es nuevo. 

Adiós para siempre, 2018. ADIÓS Y GRACIAS.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.