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Sobre el juicio, la posverdad y Frank Underwood.

A finales del año pasado se dio a conocer que el actor Kevin Spacey había sido acusado por Anthony Rapp, otro actor, de haber intentado tener sexo con él cuando el segundo tenía tan solo 14 años. En aquel momento el movimiento #MeToo cobraba fuerza gracias a las muchas actrices que denunciaron haber sido acosadas/violadas por el productor de cine Harvey Weinstein.

A Kevin Spacey lo sacaron del que había sido el proyecto más exitoso de su carrera: la serie de televisión House of Cards. Para la nueva temporada, literalmente mataron a su personaje y, para beneplácito de muchos, vimos ascender al poder a su esposa, cómplice y brillante enemiga, Claire Underwood. La expectativa era alta pero lo cierto es que a la sexta temporada, a pesar de los dimes y diretes, le hace muchísima falta Frank, al grado de que el alguna vez siniestro personaje de Claire y la historia completa ahora se sienten grises y sin chiste. 

Solo semanas después de la acusación hecha por Rap, un nuevo escándalo llegó a la vida de Spacey cuando la ex presentadora de noticias Heather Unruh lo acusó de haber  abusado de su hijo de 18 años. A los dos primeros acusantes se sumaron varios más con denuncias del mismo estilo. Kevin Spacey era acusado públicamente de ser un pervertido sexual y violador de menores.

Después de un comunicado publicado en Twitter, en donde parece declararse gay y al mismo tiempo disculparse con el mundo por los inconvenientes que esto tenga, Spacey literalmente desapareció. No dio más declaraciones y su cuenta de Twitter dejó de registrar actividad alguna. Ayer, días después de anunciarse que el actor tendría que comparecer por el caso del hijo de Unruh, Kevin Spacey volvió a tuitear. Su mensaje era preciso; un video con una duración de poco más de 3 minutos en donde lo vemos caracterizado como Frank Underwood y en el cual nos ofrece un discurso que para muchos resultó sumamente ofensivo y para otros intrigante. Me uno al segundo equipo.

De pronto me dio por fantasear con que todo este escándalo fuera algo totalmente planeado y con la sacudida de conciencias que, de ser así, esto traería. 

Imaginemos lo siguiente: Algún productor con mente maquiavélica se reúne con Spacey ante la fuerza que cobra el movimiento #MeToo. (Ojo: Con lo que voy a decir no pretendo desvirtuar dicho movimiento, pero debo confesar que en ciertos casos tengo mis dudas de él porque hoy en día acusar es la cosa más sencilla del mundo. Las redes sociales tienen tal poder, que para enjuiciar a alguien ya no se necesita ningún tipo de autoridad y las consecuencias que haya en la vida personal de un acusado, sea culpable o no, le importan a pocos).

Volviendo al productor de mente maquiavélica… Este se sienta en una oficina con Spacey, quien se encuentra en la cumbre de su carrera interpretando no a cualquier personaje sino a un presidente de los Estados Unidos con una mente y una esposa retorcidas. La figura de Spacey como actor y como Frank Underwood se encontraba en el ojo del huracán. Así que le ofrecen una beca. Le pagarán el doble o triple o hasta el cuadruple de lo que gana en ese momento si acepta destrozar su imagen por un año completo y desaparecer de los medios por el mismo tiempo. Se soltará la noticia sobre la primera acusación y una empresa de relaciones públicas se encargará del resto. Se valoran escenarios. Se sabe que la noticia será un boom y que la gente comenzará a regarla como pólvora. Aparecerán más acusaciones, algunos testimonios, la gente dirá "Claro, siempre lo supimos" y su aclamada figura será aventada al fango aunque nunca nadie vea un juicio ni una acusación legal.

Al actor se le hace firmar un acuerdo de confidencialidad en donde se detalla cada etapa del experimento. Mas allá de todo, para Spacey esta será una oportunidad y un riesgo de probar quiénes son realmente los suyos. Ante un público expectante se anunciará que House of Cards seguirá con o sin él. La gente pensará "Claro, en un momento de empoderamiento como este, es el turno de Claire", y así será. Claire Underwood aparecerá frente a una tumba como símbolo de la muerte de Frank y de Kevin. El poder femenino en su máximo esplendor. 

Pero para diciembre de 2018, exactamente en el día de Nochebuena, Spacey colocará en Twitter un video finamente producido y llamado "Let me be Frank", el cual contendrá un discurso preciso y sin un solo hueco, pero que aun así dejará a muchos con sentimientos encontrados. Nuevamente su nombre ocupará los Trending Topics y la polémica hará lo suyo. Pero habremos sido vilmente engañados. Lo que estará pasando será que Kevin y Frank estarán volviendo de la mano para darnos la lección más grande de nuestras vidas en Internet. Una vez destapado el asunto, se hará un documental explicando detalladamente los motivos de este experimento social y sus resultados. Moriría por verlo.

Desde ayer estoy pensando en ello y aunque el contenido de este post no es otra cosa que una suposición sin fundamento, debo confesar que de ser atinada, Kevin Spacey, el productor maquiavélico y el resto de los involucrados se ganarían mi absoluto respeto y admiración.

Dejo aquí el video para que ustedes mismos lo vean y analicen sus palabras cuantas veces necesiten. En lo personal me parece que hay demasiado cinismo para ser verdad, pero hoy en día la verdad no podría ser más subjetiva.



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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

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