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Viajar Sola y Perderlo Todo - Última Parte

En Pisa me deshice de mis tenis, de mis jeans favoritos, de un par de blusas y hasta del selfie stick. Estaba hasta la madre de cargar. Me urgía llegar a puerto seguro y aquel viernes lo logré.

Antes de irme a este viaje alguien me aconsejó que metiera en mi maleta únicamente aquello que estuviera dispuesta a perder. Aquel consejo no pudo ser más profético. La lección de aquellos 17 días fue tan grande, que se ha venido fraccionando en muchas pequeñas lecciones que no han parado hasta hoy. De junio a octubre han pasado las cosas más extrañas. Hay fuerzas que son superiores a la fuerza de voluntad. Otra "alguien" me dijo hace poco que había que estar atenta a las señales. Siempre he creído fielmente en ellas y no es momento para dejar de hacerlo. Aquí estoy.

Si han seguido los relatos hasta hoy, pensarán que falta uno. No falta; está y estará siempre. Quizá algún día tenga el valor y/o los motivos suficientes para escribirlo aquí. 

Hasta aquí llega este álbum. 
Vendrán más.



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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.