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Sobre Ana y Bruno.


Emil Cioran.


Ana y Bruno no es una película infantil, pero definitivamente sí es una película para niños. Me imagino que el empeño adulto de pretender ignorar que los niños elaboran las cosas mejor que nosotros ha llevado a muchos padres a declarar lo contrario, lo que me hace pensar en esas personas que piensan que las Barbies son un mal ejemplo y no un juguete, una muñeca. El peso de ciertas ideologías parece amenazar más las inseguridades de los padres que las de los niños.



Lo que pasa con Ana y Bruno es que los temas que aborda nos cimbran mucho más a los que ya estamos entrados en años. Lo que sucede es que habla del dolor, de la muerte, de la locura como resultado de perder lo más amado; habla también del miedo y de la resiliencia ante todo lo anterior. La mayoría de los niños no han tenido contacto con estos sentimientos y por tanto, son los adultos quienes se sienten más vulnerables.

Pero lo cierto es que los niños verán la película con sus ojos de niños y, como lo digo al inicio, la elaborarán desde su entendimiento y desde su propia perspectiva. La enorme cantidad de simbolismos y mensajes de la película no están dirigidos a ellos y sin embargo podrán disfrutarla. Si el público infantil pudiera compararse con uno de los personajes de esta hermosa película sería con Daniel, porque los niños ven el mundo con ojos que los adultos ya no entendemos. A diferencia de nosotros, los niños no necesitan entenderlo todo.

Lo de asustarse es también una posibilidad, pero las generaciones que hoy en día viven la violencia no sólo en la pantalla, sino en vivo y a todo color, quizá se sientan menos amenazadas de lo que creemos al ver a un monstruo de fuego. De lo contrario, los padres están en toda libertad de explicarles la inexistencia de este ser o, en su defecto, de sacarlos del cine. No soy madre y sin embargo esta película me parece una excelente oportunidad de hablar de ciertos temas con los más chiquitos. No hay necesidad de explicarles nada. Si ellos lo necesitan, van a preguntar.

Perderse una chulada como esta por prejuicios de los mayores quizá sea un error.  No hay que menospreciar la idea de que el papel de la imaginación en esta historia es crucial. Quizá si lo vemos de manera profunda podemos comprender que su función principal es la de ser un mecanismo de defensa, pero para los niños esto puede parecer más bien una aventura en donde los elefantes rosas, los duendes y los objetos que hablan acompañan a la protagonista hasta lograr "salvar" a su mamá.

Diez años fueron los que pasaron para que la película de menos de dos horas pudiera verse en pantalla grande. Diez años en los que los creadores de Ana y Bruno pelearon contra su propio monstruo de fuego: la falta de presupuesto. Ana y Bruno es una película animada y es una película mexicana, la cual no le pide nada a ninguna película de origen Pixar o algún símil. La imagen, la música, la historia, todo es bien bonito, por lo que sugiero le den una oportunidad y se la den a sus hijos; cada quien la acomodará con sus propias herramientas y desde su propia experiencia.


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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.