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Mi experiencia con VBike México.

"La tolerancia requiere el mismo esfuerzo del cerebro que mantener el equilibrio sobre una bicicleta". Helen Keller .

Me he de estar haciendo vieja, porque cada vez que aparecen opciones como esta todavía me sorprendo y hasta me emociono. Hasta hace unos 3 años, la bicicleta me pareciá un medio de transporte más atractivo que el auto. Un poco por mi espíritu hipster, otro mucho porque cada vez que me subo a una y ando en ella por las calles siento una extraña libertad de pensamiento. Quizá se deba a que cada vez que se me enreda la cabeza, requiero moverme: caminar, correr, nadar, andar en bici, viajar.

En fin... Hace algunas semanas, alguien mencióno la presencia de las bicicletas verdes que poco a poco han ido inhundando la delegación Benito Juárez. No sabíamos si tenían velocidades, si eran eléctricas, ni tampoco quedaba muy claro cómo estaban evitando que la delincuencia terminara con esta buena idea. 

Así que un buen día descargué la app como se indicaba en su sitio web (www.vbike.mx), pagué la anualidad (399.00) y me propuse investigar cómo funcionaba este show. 

Primero descubrí que, a diferencia de las ecobicis, estas bicicletas puedes usarlas hasta por 2 horas. Y no, no son eléctricas, pero sí tienen velocidades y todas las que he tomado están en excelentes condiciones. 

Los lugares de donde puedes tomarlas (a diferencia de las EcoBicis, estas no tienen estaciones, sino lugares predeterminados para estacionarlas) están perfectamente indicados en la app, que por medio de la geolocalización te indica cuál es la bici más cercana a tí. Una vez localizada, sólo hay que abrir la app, hacer clic en "desbloquear bici", poner el teléfono frente al código QR que está pegado a la bicicleta y esperar a escuchar el "clic" del candado al abrirse (esto resuelve la duda sobre cómo están evitando la delincuencia). Al llegar a tu destino, sólo hay que cerrar el candado manualmente y "terminar el viaje" en tu teléfono.

Llevo una semana utilizando el servicio y el único problema que he tenido es que al intentar desbloquear una bici la primera vez, la app se quedó pasmada, pero inmediatamente hablé al número de servicio al cliente y me indicaron que sólo tenía que volver a instalarla, lo cual resolvió el problema.

Ya en temas más personales, no me molestaría que las bicis tuvieran al menos un espejo. Quizá porque hay una parte de mí que sabe lo difícil que es ser ciclista en esta ciudad, pero me gusta poder medir la distancia que me separa de un coche, sobre todo cuando vienen detrás de mí. Fuera de eso, que tampoco es nada grave, no les encuentro ni un solo pero.

Antes salía de casa 20 min antes de mi entrada al trabajo y me iba caminando, hoy salgo 10 minutos después y voy feliz pedaleando. Tengo un estacionamiento de VBike atrás de mi casa y uno frente a mi trabajo: Magia pura. Sé que las bicicletas, o más bien los ciclistas, han sido satanizados por el comportamiento de varios de ellos (no respetar altos, sentidos de las calles, a los peatones, etc) pero en lo personal, teniendo la fortuna de trabajar tan cerca de casa y de hacer muchas cosas dentro de mi misma delegación, esta opción me parece maravillosa para evitar el tráfico, la contaminación y así.

Si viven, trabajan o andan muy seguido por la delegación Benito Juárez, vale la pena probar. Si no se animan a ir por la anualidad, cada viaje les costará sólo $10.00.

Si se deciden por la cuota anual, pueden usar este código para obtener $35.00 de descuento: B19MX4S

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.