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De implosiones y otras salidas de emergencia...


La implosión es el momento más personal que existe. 

Llámese así a aquel instante en el que algo duele tanto que ni siquiera es concebible llorar ni gritar; en la implosión uno sigue sonriendo pero la tensión se manifiesta en un extraño dolor de cuello y en un inexplicable vacío entre el pecho y el estómago, el cual provoca muy breves instantes en los pareciera que llega a faltar el aire, lo cual básicamente se debe a que en ese pequeño hueco casi siempre cabe una gran decepción. 

Fuera de eso, la vida sigue igual, no mejor ni peor, igual sigue y seguirá porque el resultado de una implosión inevitablemente es la reinvención. 

El resultado de varias implosiones es simplemente impredecible, toda una metamorfosis que requiere silencio absoluto, música, agua, sol y tiempo.

*cierra los ojos y no vuelve a lanzarse hacia atrás*

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.