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De correr y otros deportes extremos...

"Por eso ahora estoy escribiendo. Soy de ese tipo de personas que no acaban de comprender las cosas hasta que las ponen por escrito" H. Murakami 

* Con admiración total a mis amigos que van a correr el maratón de Chicago el domingo: Maja, Leo y Ceci.

Cuando leí "De qué hablo cuando hablo de correr" de Murakami, me apasionaron sus letras porque me encontraba en la fase "voy diario a correr a los Viveros y le doy por lo menos dos vueltas". Recuerdo que estaba netamente motivada, que me levantaba todos los días a eso de las 8 y caminaba desde mi, en aquel entonces, casa a un costado de Plaza Inn, hasta el mencionado parque. Me sentía plena, correr era algo que me liberaba de mis propios pensamientos y al mismo tiempo me sumía en ellos con música de fondo. De vuelta a casa, me sentía orgullosa, sana, con el espíritu completo.

Lo abandoné como suelo abandonar casi todo. Les diría que las ocupaciones diarias no me permitieron continuar con este hábito, pero creo que más bien tengo la tendencia a no dejar que nada se me vuelva eso, un hábito. Tengo déficit de atención laboral, emocional y por lo visto, deportivo; no me juzguen.

Lo cierto es que eso de correr puede ser una gran metáfora. Conforme uno va creciendo va descubriendo que practicar la "corredera" es siempre mucho más fácil: corremos del dolor, del miedo, de las peleas, incluso de las posibilidades, y todo casi siempre se debe a que, para cierta edad, el empirismo ya nos ha jugado una, o varias malas jugadas. La vida, de una u otra forma, nos enseña que el camino más fácil es siempre correr.

Quizá por eso los adultos vivimos con una prisa intrínseca. Todo debe ser rápido y con resultados inmediatos. La paciencia se va perdiendo con los años. Por eso los niños tienen tanta magia; porque son una combinación de no experiencia con ganas de descubrir cosas nuevas. Los adultos, por el contrario, somos un cúmulo de historias combinado con ganas de no aguantar ni madres porque "ya no estamos para eso".

En sentido metafórico, corremos porque eso nos devuelve el control, porque evita (al menos aparentemente) que nos sintamos vulnerables. Corremos por un motivo pero sin más objetivo que huir; huir de nosotros, de ellos, de todo lo que no alcanzamos a comprender, de todo lo que nos exige ser empáticos.

En diciembre volveré a correr una carrera de 5 km para la que, debo confesar, me he preparado poco-más-bien-nada, y cuando intenté cuestionarme sobre por qué perdí esa gana, pensé que quizá se debe a que estoy verdaderamente exhausta de correr, sobre todo de correr a otros ritmos que no son los míos, sólo para alcanzar al que va delante. 

Quién sabe quién me sembró la idea errónea de que la respuesta a la felicidad estaba en "agarrarle el paso a otro". Hoy creo que la respuesta a la felicidad está en avanzar conforme a tu respiración, a tu ritmo, según tus propias fuerzas, disfrutando siempre del paisaje y de la música. Hoy creo que es posible que mientras uno corre se encuentre con otro corredor que realmente quiera hacer equipo y que, de ser así, la sincronía, aunque no sea eterna, terminará siendo inevitable.

Al final de cuentas correr es un deporte que se puede practicar solo, en equipo o en competencia.... cada quien sus pasos, el chiste es avanzar.

"Lo que yo deseo, la fuerza que yo busco, no es aquella que te lleva a perder o a ganar. Tampoco quiero una muralla para repeler las fuerzas que lleguen del exterior. Lo que yo deseo es una fuerza que me permita ser capaz de recibir todo cuanto proceda del exterior y resistirlo. Fortaleza para resistir en silencio cosas como la injusticia, el infortunio, la tristeza, los equívocos, las incomprensiones" H. Murakami

Comentarios

  1. Celia me comentó de tu blog, me sentí profundamente conmovida. Acá te comparto, porque corro. Saludos y un placer leerte.

    http://karlarv78.wordpress.com/2014/04/03/y-por-eso-bebo-por-eso-corro-por-eso-escribo/

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  2. ¡Hola Karla! y a mí me comentó del tuyo. De hecho lo leí hace ya varias semanas y me gustó muchísimo. Por ahí publiqué algo de él en mi Facebook. Qué bueno coincidir y por aquí seguimos =)

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.