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De 3 películas...

En un mes he visto tres películas que no son una trilogía y sin embargo parecen estar conectadas. Las tres, de alguna u otra forma, abordan uno de los temas que están más de moda y que sin embargo, sigue siendo un tabú: La caducidad de las relaciones.

Las dos primeras ("Un Heureux Événement" de Rémi Bezancon y "Take this Waltz" de Sarah Polly) las vi sola, pero la tercera ("Elles" de Malgorzata Szumowska) la vi en compañía de mi querida amiga Patricia y creo que las dos salimos con cara de "¡Madresssss!"

A continuación les hablaré un poco de cada una para poder ponerlos en contexto y de ahí partir a mi debraye acostumbrado. Al final encontrarán también los trailers por si, después de leer esto, les quedan ganas de verlas.

"Un Heureux Événement" de Rémi Bezancon

Bárbara y Nicolás son una pareja joven y la película cuenta su historia desde que se encuentran por primera vez hasta que se enfrentan con las realidades que conlleva el hecho de volverse tres. Una visión objetiva de lo que implica la maternidad desde el punto de vista femenino, mucho más allá de lo que se nos ha dicho desde niñas, mucho más allá del instinto maternal y de la repetida historia de que el embarazo es "el estado ideal de la mujer". 

Los cambios físicos, emocionales, el "sacrificio" de las metas personales y laborales, el desgaste de la relación de pareja, en fin, el reto mismo de sobrevivir a la aparición de una nueva vida en una vida que era sólo de dos.

Quizá la frase que más me hizo reflexionar fue "No conozco ninguna pareja que después de tener hijos haya logrado mantenerse enamorada"... ¡pum!

Y bueno, no es que piense que así es en todos los casos, pero creo que esta frase de Bárbara se refiere a la cantidad de parejas que en lugar de ver el nacimiento de un hijo como un cambio positivo, lo perciben como un cambio paulatinamente destructivo al que no todos, quizá pocos, sobreviven.

"Take this Waltz" de Sarah Polly

Margot y Lou llevan 5 años de casados y mantienen una relación que a ratos parece más de roomies/amigos que de pareja. Ríen mucho, tienen gustos similares y han aprendido a tolerar sus diferencias. Lo cierto es que a la hora de la pasión, le brecha es grande. Ella busca constantemente llamar su atención y él, la mayoría de las veces, la trata más como una hija que como a una esposa. 

Cuando aparece Daniel, la representación encarnada de la adrenalina y la emoción, el mundo de Margot se pone de cabeza y la balanza del sentimiento contra la pasión se ve sumamente comprometida. 

La novedad, el peligro latente de olvidar que se ha construido una vida con alguien por la curiosidad de probar lo que no se tiene, lo que creemos que nos hace falta.

¿La frase clave? Tomo dos:

"La vida siempre tiene una brecha y uno no debe enloquecer tratando de llenarla"

"Las cosas nuevas también se vuelven viejas"

"Elles" de Malgorzata Szumowska

Anne está casada con Patrick, tienen dos hijos y llevan una vida acomodada en París. Ella es periodista y está escribiendo un artículo sobre prostitución juvenil. A lo largo de sus pláticas con las prostitutas descubre mucho más que los motivos de las chicas para dedicarse a esto; descubre el por qué estas chicas tienen tanto éxito principalmente entre los hombres casados.

Las chicas le cuentan como sus "clientes" desbordan en ellas todo aquello que ya no encuentran en sus casas, desde una fantasía sexual hasta la necesidad de ser escuchados.

Esta situación lleva a Anne a cuestionarse sobre su propio matrimonio y a ver una realidad distinta sobre las reglas sociales y matrimoniales del "deber ser".

¿La frase?

  1. Anne: What kind of men do you see?
  2. Charlotte: Bored husbands.


Ahora sí, el debraye...

Me declaro totalmente ignorante en el tema del matrimonio porque hasta ahora me niego rotundamente a él; pero me declaro parcialmente ignorante en el tema de la caducidad de las relaciones. Lo que antes consideraba un déficit de atención únicamente laboral, se ha extendido hasta mis relaciones personales haciendo que me cuestione un sin fin de cosas que, a decir verdad, me han dejado con la inocencia un tanto desquebrajada.

Quizá el error principal está en saturarnos de películas de Disney en la infancia y de chick flicks en la juventud; quizá se nos han transmitido ideas y costumbres erróneas de generación en generación, y cuando nos topamos con la realidad resulta que esta no se parece nada al "felices para siempre" y el nivel de frustración puede resultar mortal.

Pero es que esos son literalmente cuentos, es que no hay nada en la vida que simplemente funcione porque hagamos acto de presencia; todo, absolutamente todo lo que involucra una relación humana requiere un trabajo constante que incluye cosas tan básicas y choteadas en libros y revistas femeninas como lo son el tiempo, la comunicación, la tolerancia, la negociación, la comprensión y ¿por qué no? LA NOVEDAD. 

El punto es que cuando se carece de alguna o varias de estas cosas, la relación en cuestión, sea cual sea, se va desmoronando hasta terminar o, en el peor de los casos, continuar rodeada de hastío y costumbre in crescendo, junto con las nada honestas ni bonitas cosas a las que eso conlleva. 

Ante todo lo anterior yo digo: ¡CRUZ, CRUZ!

La mayoría de los humanos somos malos para los finales. En realidad somos muy buenos para saber cuando algo terminó pero somos pésimos para aceptarlo. Somos buenos para el drama, para la queja, para la "telenovilización" de nuestras propias vidas, pero creamos lazos y compromisos tan fuertes (cuya fortaleza no siempre ni necesariamente tiene que ver con "el amor") que romperlos nos parece prácticamente imposible.

Me parece chistoso haberme topado con estas tres películas justo ahora que me siento tan atada a nada ni nadie. Y sí, da un poco de miedo esa incertidumbre de no saber si vas a volver a dejarte sentir, pero pocas cosas tengo tan claras en la vida como que, en este caso en particular, espero que siempre sea mayor el miedo a la costumbre que a la soledad.






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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.