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De mi teoría de la cebolla...


"Lo malo de llorar cuando uno pica cebolla no es simplemente el hecho de llorar, sino que a veces uno empieza y ya no puede parar" Laura Esquivel


Desde hace mucho tiempo he venido maquinando una teoría que tiene que ver con los sentimientos y las cebollas. Y no, no me refiero a la sensación de llanto que a algunos les produce cortar este vegetal, sino a una metáfora sobre sus capas y los niveles de sensibilidad en los humanos.

No estoy segura de que voy a poder ser muy clara, por lo que les pido comprensión y, en su defecto, alguna bebida embriagante o sustancia embrutecedora en su sangre antes de comenzar a leer este post.

Siendo así...

Debo comenzar diciendo que las emociones siempre me han parecido un tema profundo, denso y totalmente subjetivo. Lo que para unos es una cosa sin relevancia, para otros puede tener un significado tremendo. Partiendo de la base de que cada cabeza es un mundo, mi teoría dice que "Cada corazón es una cebolla"

La cebolla es un vegetal que se divide en varias capas hasta llegar a un centro, por lo tanto, lo más pegado a este es lo que yo considero como la parte híper-sensible. Los niños, por ejemplo, pueden representar perfectamente a esta zona de la cebolla. Los niños son naturales, no tienen complejos porque no hay experiencia que se los haya creado y por ende sus sentimientos son auténticos y sus acciones se reflejan en la misma tesitura. 

Conforme la vida avanza, vamos brincando de una capa a otra con (no siempre) singular alegría. Los adultos generalmente nos vamos perfilando hacia la capa más externa, la que se va alejando de lo simple, de lo básico. Las experiencias nos van enseñando que a veces no es tan bueno acercarse tanto al centro, que lo más "prudente" que uno puede hacer es mantenerse al margen.

Y es que el centro implica vulnerabilidad y la vulnerabilidad implica a su vez una serie de cosas y situaciones que nos ponen en ¿¿Peligro??... ¿Peligro de qué?... No, no, no, ni crean que voy a aleccionarlos al respecto; en realidad la respuesta a esa pregunta es enteramente personal y subjetiva.

Claro que uno no puede negar su origen, y dado que todos, sin excepción, pasamos alguna vez por la primera capa, el regreso a ella es inminente y sucederá en cuanto haya un detonante que nos lleve de vuelta. Tales detonantes pueden ser tan simples como una película y tan complejos como la muerte de alguien querido.

Lo cierto es que así como las alegrías se sienten más fuertes en la capa más honda, también es ahí en donde duelen las tristezas más profundas; por eso tras cualquier tipo de duelo es necesario buscar la forma de salir a respirar y evitar quedarse a vivir en el centro de la cebolla en posición fetal, esperando quien sabe qué o a quién. Al paso libre y natural de una capa a otra se le llama MADURAR.

En lo personal soy fanática declarada de la gente que logra tener contacto con las últimas capas de su cebolla, que no tiene empacho en decir lo mismo un "te quiero" que un "ya no te quiero", porque la comunicación con las capas más escondidas también tiene que ver con la honestidad, con la verdad a la que a veces somos tan poco afectos.

Mi conclusión: Quizá es necesario que a lo largo de la vida aprendamos y no olvidemos nunca el camino hacia al centro de la cebolla y que este nos permita volver una y otra vez para experimentar las sensaciones en 3D que ahí se viven, pero también es importante que con el paso de los años seamos capaces de subir al menos un par de capas y ser analíticos, racionales, para que en cada una de esas capas encontremos, por lo menos, una lección aprendida.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.