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De CEMAC y como llegué a esto de la docencia...

Corría el año 2001 y yo estaba a la mitad de la carrera. La empresa familiar quebró y me llevó a la necesidad de buscar un trabajo que me permitiera seguir en la Universidad en factor tiempo y sobre todo en factor dinero. 

Mi madre llegó un día con un periódico y un anuncio señalado que decía algo como "Solicitamos profesor (a) de Inglés, escuela al sur de la ciudad" y me dijo algo como "Llama, no pierdes nada". El mentado periódico estuvo en mi escritorio días; no es que no me interesara ser maestra, es que para ese momento no tenía ni la menor idea de lo que eso significaba.

Un buen día me decidí a llamar y me contestó la voz de mi querida Estela Galdós "CCH", dijo y recuerdo haber pensado "Madres, ¿CCH? ¿CCH Sur o qué?". Pues no, se trataba de una escuela Montessori que, convenientemente, estaba a un costado de Médica Sur.

Llegué a la cita con toda la inexperiencia del mundo a pesar de que ya traía encima cierta experiencia laboral. Me recibió Ana María Cortés y comenzó el típico interrogatorio laboral que en realidad fue simple:

- ¿Tienes el Teachers?
- No
- ¿Has dado clases antes?
- No
- ¿Por qué quieres ser maestra?
- Me gusta el Inglés
- Hablemos en Inglés
- washuwa, washuwa, washuwa...
- washuwa, washuwa, washuwa...

Algo debe haberle gustado en mi pronunciación porque a pesar de que salí de ahí con un "Nosotros te llamamos", volví a la escuela un lunes para recoger mi material y empezar mis clases y lo que serían 7 años de mi vida.

Recuerdo a Ana María diciéndome "Este es tu grupo de CCH, espérame aquí, ahorita te presento" y esperé y esperé hasta que decidí entrar al salón ante la mirada incrédula de un grupo de adolescentes que tenían 4 años menos que yo. 

Y así, comenzó la aventura.

El único requisito fue que debía tomar el Teachers en el primer año, así que mi día abarcaba de 7 am a 10 pm y se componía de Teachers, trabajo y Universidad. De esos horarios verdaderamente Full Time que uno sólo puede llenar cuando tiene la juventud y el espíritu para ello.

En CEMAC descubrí lo que se siente estar frente a un grupo y que en mi experiencia sólo se compara a la bendita sensación de estar sobre un escenario. Comencé siendo maestra de Inglés, regresé siendo maestra de teatro y terminé siendo todo lo anterior y además titular de secundaria por dos años. El cúmulo de ello sólo puedo describirlo como la mejor experiencia laboral que hasta hoy he tenido. Las satisfacciones de involucrarte en la formación de niños y jóvenes son tan complejas como infinitas; ningún resultado de este trabajo es mínimo.

En CEMAC me formé como maestra y como persona. Hoy por hoy tengo alumnos de aquella primera generación e incluso de la última, que ahora puedo llamar amigos. Ahí aprendí que la diferencia de edades no es una barrera sino una posibilidad. Tuve grandes satisfacciones y también momentos de duda; cuando uno pasa tanto tiempo del día y de la vida en un lugar, este se vuelve una segunda casa. Entre esas paredes  reí, lloré, me enorgullecí, me enojé, me enamoré, en fin... a CEMAC, sobre todo, le estaré siempre agradecida por haber dejado en mi vida a tanta gente hoy tan importante y por haberme dado la posibilidad de dejar algo de mí.

El día que renuncié me costó tanto desprenderme, que hasta hace no mucho, cuando aún trabajaba ahí esa misma gente con la que compartí tanto, solía regresar cuando me sentía medio perdida. La sensación fue siempre la que te da la paz de volver a casa.

En esos 7 años aprendí que no hay nada comparable a despertar por las mañanas con ganas de ir a trabajar. Había días en los que llegaba antes de salir el sol y salía de ahí a las 8 de la noche. En realidad nunca me pesó. Quizá por eso hoy sigo en este camino, porque la remuneración emocional que tiene el ser maestro, me sigue pareciendo insuperable.

Comentarios

  1. fernando quintanilla18 de mayo de 2011, 16:25

    vero no se si te acuerdes de mi pero me gusto muchisimo lo que escribiste eres una exelente persona y espero que estes super bien saludos =)

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  2. Claro que me acuerdo!! Cómo olvidarte si te debo algunas de mis canas verdes?? jeje...
    Gracias por entrar a leer! Un abrazo!

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

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Fologüers.