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De un desvelo cualquiera

Se nos acaba el año y a mí hace meses que el insomnio me visita puntual a las 10 de la noche y no me suelta antes de la 1 de la mañana. A esa hora se me amontonan los pensamientos, los recuerdos y las personas en una instrospección tan licuada que me lleva a todos lados y al mismo tiempo hacia ninguna parte.

Tengo ganas de agarrar una maleta otra vez y eso no suele ser buena señal.  Es señal de que ando perdida. A lo largo de mi vida me he sentido sin rumbo en muchas más ocasiones de lo que aparento, pero nunca con 30 (casi 31) años y eso lo complica un poco más. Soy muy "vieja" para unas cosas y "no tanto" para otras. Lo que aún no acabo de entender es qué juzgado de lo políticamente correcto delimita esas orillas y porqué siento que estoy al borde de alguna o quizá de todas ellas.

A estas horas me da por pensar en las decisiones tomadas, sobre todo en las tomadas en los últimos 4 años y entonces sí todo se vuelve una maraña mental. De entrada soy desempleada, desempleada voluntaria, eso sí y no es eso lo que realmente me preocupa. Me preocupa lo que he llamado mi TDAL (Trastorno de Déficit de Atención Laboral), ese no saber quedarme quieta que en realidad no me molesta pero me lleva a cuestionarme qué es realmente lo que quiero hacer y su íntima relación con el dinero. Aún no tengo respuesta pero mientras lo averiguo, no soy de quedarme de brazos cruzados.

Pienso en mis "relaciones" de esos mismos últimos años y me da por querer darle una buena formateada a mi cabeza y sin temor a parecer cursi, a mi corazón. Si alguien me pidiera que definiera en una sola frase las ondas emocionales de los últimos años diría "No se hace una". En lo que a ese aspecto respecta me siento simplemente devastada; como si después del gran terremoto del 2008 las "réplicas" hubieran terminado por derrumbarlo todo y yo tuviera que reconstruirles el mundo a mis damnificados entre los que andan la credibilidad, la confianza y hasta cierto punto la inocencia.

Hay para quien fui un reto; para quien fuí "yo" pero en realidad podía haber sido cualquier otra porque no son más que una repetición constante de patrones; para quien fuí conveniente en su momento y así sucesivamente. En poco más de 2 años me he enamorado sólo una vez y vaciado en otras cuantas hasta llegar al punto en que simplemente y por ahora, NO ESTOY DE HUMOR PARA EL AMOR, el cortejo ni cualquiera de sus variantes... y no, es no.

Me encuentro con una necesidad infinita de respetar y hacer que se respete mi soledad, mis espacios, mis ganas o no de salir, ir o venir y hay veces, muchas, en que me siento viendo este espectáculo del mundo que me rodea desde las gradas; completamente ajena.

Y no he de darle a esta entrada el tono melancólico de alguien que invariablemente echa unas lágrimas al tiempo que el año se despide. No, no, no; esto es sólo un intento por recordar que ha sido siempre la palabra escrita la que, en cualquiera de sus presentaciones, me da consuelo, me quita pesos de encima y me invita a seguir corriendo en la rueda.

Este es sólo un respiro y ya es otro día de diciembre.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.