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De comer, rezar y soltar... PARTE I

Me tardé poco más de 2 meses en crear esta entrada. Podría contarles una bonita historia del "porque" pero no tengo la más mínima idea.

Comparto ahora la experiencia de haberme ido 11 días a literalmente conocer Oaxaca y reconocer Chiapas...

11 días fuera de casa, 11 días sin maquillaje ni reloj, muchos (casi todos) de esos 11 días sin hablar con nadie. 11 días de pensar, escribir, leer, comer, dormir, caminar y soltar. 11 días de playas, ciudades, autobuses, camiones de redilas con bancas improvisadas, taxis colectivos y lanchas. 11 días que incluyen 20 horas en autobús y 2.5 en avión. 11 días de los que rescato mucho pero publico lo siguiente:

De la Alemana que habló sobre el trabajo

Me encontraba desayunando en un pequeño hotel que está en uno de los costados de Mazunte. A mí lado, una mujer alemana tejía pulseras cuando dos hombres con acento argentino se acercaron a ella y se llevo a cabo más o menos la siguiente conversación:

- ¿Cómo? ¿Estás trabajando en domingo?
- Para mí todos los días son "domingo"; además, me gusta mí trabajo. Yo no entiendo a la gente que ve el trabajo como algo malo, deberíamos estar agradecidos por tener algo que hacer; el trabajo es actividad, es vida. Y al que no le guste su trabajo, que se busque otro que lo haga felíz y punto.

Recién voluntariamente desempleada, sonreí.

Del señor en el mercado 20 de Nov, Oax

Las cosas en el mercado de Oaxaca funcionan de la siguiente forma: Uno entra en un pasillo en donde hay muchos "anaqueles"con carne que en un mercado cualquiera fungirían como carnicerías y punto. La diferencia en el 20 de Nov. es que esa carne que compras te la asan al momento, la ponen en una canasta y te venden por separado todos los complementos necesarios: tortillas, aguacate, salsa, limones, cebollitas, etc. Despúes te sientan en una larga mesa que generalmente es compartida. Así llegué yo con mi canasta con tasajo surtido, una bolsa de chapulines, una charolita con guacamole y unas tortillas de buen tamaño. Un manjar orgásmico que, no es broma, casi me lleva a las lágrimas de sentirme tan afortunada.
En la mesa se encontraba un señor de apariencia humilde (No me gusta ese término y lo editaré a la brevedad) que me contó que diariamente viajaba desde un pueblo Oaxaqueño para trabajar en la ciudad. Terminé compartiendo con él todo lo que había comprado y él hizo lo mismo. Cuando terminamos se levantó a comprar un par de panes de yema. Me dió pena tomar uno completo y cuando vió que solamente partí la mitad, me dijo "No, no señorita, tómelo todo para que lo sopee con su chocolate" El corazón se me hizo de hule y sonreí de adentro hacia afuera.

NOTA: Cuando viajo sola no suelo decírselo al mundo que se me presenta; generalmente invento cosas como que voy con unos amigos pero ellos están en un congreso y yo aproveché para salir a turistear. Todo esto porque en el fondo soy chilanga y aplico el "no vaya siendo"

Del tour de las bahías, el temazcal y la catarsis

En mi segundo día en Huatulco tuve la "grandiosa" idea de aventarme el  tour de las bahías. Y digo grandiosa en un tono tan irónico porque para cuando me dí cuenta ya estaba subida en un barco junto con otras aproximádamente 40 personas provenientes de no sé que unidad habitacional del DF que gritaban y hacían la ola cada que nuestra embarcación sorteaba las idem. Eso sin contar que en cuanto "zarpamos" el soundtrack estuvo basado en Los Joao y su exitazo "Vamos a la playa" mientras el "animador" dirigía porras a la unidad no sé que, de no sé donde. Lovely!
Horas, muchas horas después y de noche, volvimos a tierra y yo ya iba tarde para mi cita en el Temazcal. Debo decir que luego de la experiencia del tour, mis expectativas del temazcal eran pocas pero decidí arriesgarme más porque ya lo había pagado que por ser aventurera.
Así que un taxi pasó por mí a la puerta de mi hotel y me llevó a lo que por fuera parecía una casa normal pero por dentro era en realidad un gran patio que a primera vista me mostró un par de temazcales y unos camastros. Me recibieron dos chicas y me pidieron que me quedara únicamente en traje de baño. Una de ellas me explicó una serie de ejercicios que tenían que ver con la respiración y la imitación de lo que me parecieron sonidos prehíspanicos. Me entregó una maraca y dijo "Cada que termines una serie de ejercicios, la tocas fuerte" Me cayó de variedad.
Me llevó al temazcal, abrió la puerta, me pidió que me sentara a la orilla de la banca circular y cerró la puerta dejándome sola con copal y sepa Dios que hierbas. ¡Asu madre el calor, el vapor, la claustrofobia de la que no sufro pero ahí descubrí! Así que decidí concentrarme en los ejercicios. El primero, tomar aire con los pulmones y sacarlo haciendo un sonido más o menos así: "uuuuuh" No llevaba ni una repetición y yo ya estaba berreando como si me estuvieran achicharrando ahí dentro. No de miedo, no de calor, sino de puro gusto de chillar como hace mucho no lo hacía. Se me escurrían unos lagrimones que se confundían con un sudor a chorros que en mi vida había experimentado. Pero seguí las instrucciones y en cada ejercicio tocaba la dichosa maraquita. Terminados todos me preguntaron si quería salirme, dije que no, mantuve los ojos cerrados y seguí en lo mío.

Después salí de ahí y me pasaron a un camastro en el que cubrieron mi cuerpo con un plástico y mis ojos con una toalla. Todo lo que se escuchaba eran sonidos y música prehispánica (mitad en vivo, mitad grabada) Sublime

Lo que siguió fue un regaderazo de agua fría y los poros reaccionaron para continuar con un baño de arcilla de pies a cabeza y de regreso y después enjuagarla en agua tibia. Luego un té y por último un masaje.

Salí de ahí en SANTA PAZ y esa noche dormí como bebé...

To be continued...

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.