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De Atenerse a las Consecuencias...

En esos trayectos de este trabajo solitario en el que mi mejor compañía es un ipod, me dió por pensar cuál sería la receta para que las cosas de la vida giraran en mejor sincronía y vino a mi mente una sola palabra "Respeto". Lo convertí en una entrada de blog intentando que no sonara a tema de ceremonia escolar ni a un discurso más bien moralista; pero es que en verdad lo creo...

Creo que si empezáramos por respetar nuestras propias palabras, ideas, sentimientos y necesidades, quizá esto se vería proyectado en el respeto que les damos y que exigimos a los demás. El "problema" es que ese auto-respeto nos llevaría directito a la honestidad y ésta a su vez a ejecutar los actos más sinceros y naturales, que automáticamente anularían las luchas de poder en todas sus modalidades. Y de ahí, que Dios nos agarre confesados porque sé de varios que no sabrían que hacer con tanta "verdad".


Conozco gente que sabe manejar el sentimiento, pero aún no conozco a nadie que le guste perder. A decir verdad, conozco a pocos que estén dispuestos a ceder, muchas veces e incluso ante sí mismos.


En los otros, tendríamos que ser capaces de respetar cosas tan simples como el tiempo ajeno, los gustos, las necesidades y ni que decir de las decisiones. Tendríamos que pensar antes de actuar, tendríamos que escuchar con la misma puntualidad y urgencia con la que hablamos de nosotros mismos, tendríamos que saber decir y sostener un "no", tendríamos que ser tolerantes y no armar tremendos dramas cuando las cosas no suceden como uno quiere, y así, entre otras cosas.

Lo complicado de todo esto radica en lo ajena que nos resulta la empatía; eso de ponernos en los zapatos del otro no es siempre tan fácil porque al final de cuentas implica salir de nuestras propias ideas, sentimientos y necesidades para intentar comprender las de otro y todo esto cuando vivimos una época en la que muchas veces no nos entendemos ni a nosotros mismos.



Comentarios

  1. Reconozco cada una de mis batallas pedidas a veces con lágrimas y dolor. No me gusta perder pero acepto una derrota, exangue donde lo dí todo; y me levanto de nuevo a la lucha porque así me enseñaron.
    Beso Gonsen, gracias por tus palabras

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.