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El Placebo de la Vacunación.

La página de registro para recibir la vacuna contra el COVID19 en México se habilitó el 2 de febrero. Como era de esperarse, colapsó a los pocos minutos. Era de esperarse, primero porque la gente lleva casi un año viviendo entre el encierro, la muerte y la enfermedad, y segundo, porque así "funciona" casi todo en este país: por encimita y a medias.

El día que lanzaron la página fue prácticamente imposible siquiera abrirla. Mensajes de error una y otra vez. Ayer, después de que mi querida Julieta anunciara en Twitter que la página estaba funcionando bien, pude por fin registrar a mi madre y a dos de mis tíos. En cuanto descargué el comprobante de mi mamá me dieron ganas de llorar; no por otra cosa sino porque en esos momentos cortos pero concisos uno entiende por lo que hemos estado y estaremos pasando todavía por varios meses. Hacer clic y descargar un comprobante de algo que ni hemos visto es un cierto placebo. Como si con hacer ese trámite en despoblado uno sintiera que está salvando a los suyos.

Lo cierto es que en México todavía ni tenemos las vacunas que muchos hemos solicitado, poniendo todas las esperanzas que nos quedan en un archivo PDF que no dice nada más que un "Nosotros le llamamos". En este país lo que hay son órdenes de compra que aún no se completan, planes poco claros y un montón de palabrería. Con el historial de decepción nacional que tenemos, me parece normal esperar lo peor.

Sin importar filias o esperanzas políticas, tendríamos que aceptar que la confianza que tenemos quienes aquí vivimos hacia cualquier tipo de institución está, en el mejor de los casos, quebrada, y en los peores, simplemente no existe. Todo en México es un albur. Todo trámite, desde el más simple hasta el más complejo, tiene siempre la posibilidad de salir mal o de quedarse en el limbo y dejarte con cara de meme de John Travolta.

Por cuestiones laborales he podido ver cómo está funcionando el sistema de vacunación en otros lugares y confieso ante ustedes que eso ha exacerbado mi malinchismo al máximo. La palabra "sistema" es clave. Aquí no hay un sistema para absolutamente nada y la mayoría de las cosas se hacen al ahí se va. El COVID y todo lo que ha pasado desde que se supo de su existencia, por supuesto no ha sido excepción.

Los vecinos de allá arriba han hablado poco pero vacunado mucho. Prometieron y cumplieron sin tanto aspaviento. No hay una cita médica de chequeo general en la que a la gente no se le ofrezca la vacuna, y son muy pocos los que la aceptan porque la mayoría ya va en la segunda dosis. Suspiro todos los días de pensar en lo lejos que estamos de eso.

Pero aun así, antier inscribí a mi madre y a dos de mis tíos y me dio emoción. Eso quiere decir que en algún resquicio de este desconfiado corazón mexicano queda un gramo de fe. Ojalá con todos los gramos de fe que se juntaron en el pre-registro, alcance para ver este proceso de vacunación llevado a buen camino y término.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, pusiste en palabras muy claras lo que he pensado toda la semana.

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    1. Pau, gracias por pasar a leer. Ojalá que los escépticos nos equivoquemos. Abrazo.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

Fologüers.