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De la Adopción y Otros Actos de Amor.

Creo fielmente en las causalidades. La vida me ha mostrado un incontable número de veces que uno puede intentar correr de sí mismo y de sus propias cicunstancias, pero ¿el destino? ¿Dios? ¿Buda?, quien ustedes prefieran, siempre tiene el buen tino de ponerte en el lugar correcto. Este es el preámbulo para contarles de un "trabajo" que tuve la fortuna de realizar el fin de semana pasado. 

Por razones que poco tienen que ver conmigo y con mis decisiones, la adopción es un tema que de alguna forma me es cercano y que tiene que ver con una (o con varias) de las heridas que más trabajo me ha costado curar. Quizá por eso acepté la propuesta de ser intérprete de la terapia de una niña de hoy 14 años, que fue adoptada cuando tenía sólo 3 meses y medio.

Ojalá pudiera contarles una a una las cosas que aprendí en sólo 4 días, pero intentaré contarles lo contable porque todavía hay cosas que pienso y me quiebran un poquito el corazón. Pero este post no es un drama, al contrario, es la fotografía de una de las decisiones que considero más amorosas en este mundo cada vez más egoista. 

Tener un hijo biológico es una decisión que no siempre se toma de manera consciente, pero tener un hijo adoptivo requiere de una voluntad superior. Es necesario entender que vas a entrar en la vida de alguien que viene lastimado "de fábrica"; alguien que lo primero que aprendió fue a no confiar en la única persona que durante 9 meses fue su único hogar. Así que el reto inicia desde el minuto uno. Consolar el llanto de un bebé adoptado (y de un niño, y de un adolescente, e incluso de un adulto) implica empatizar y cubrir su herida aunque los padres adoptivos nunca lleguen a entenderla y aunque esos niños, quizá, nunca encuentren las palabras para expresarla.

"La Herida Primaria" es justo eso, ese enorme golpe en el corazón que recibe un bebé, muchas veces a las cuantas horas de nacido, al ser separado para siempre del olor, la voz, y el único espacio que le son conocidos. La mala noticia es que no hay manera de curarla; la buena es que hay miles de formas de empatizar con ella y de ayudar a esa mini persona que un día será adulto a sobrellevarla y a abrazarla como algo suyo. Si bien "hay una parte del niño adoptado que nunca podrá ser adoptada"**, hay una mucho más grande que puede ser fortalecida.

La experiencia que les cuento no sólo incluyó acercarme a la vida de esta niña cuyos padres han hecho un trabajo maravilloso y con quien terminé teniendo una conexión tan extraña como mágica. Todo esto también me llevó a una casa por el rumbo de Huixquilucan en donde se recibe a las mamás que no tienen recursos ni un lugar dónde vivir. Ahí las cuidan, las alimentan, las capacitan y les permiten decidir si quieren quedarse o no con sus bebés.

Un alto porcentaje desea quedarse con ellos, sin embargo las carencias que muchos desconocemos pueden ser tan grandes, que muchas veces se ven orilladas a tomar la decisión de ofrecer a sus bebés una vida mejor pero con otra familia, lejos de ellas. Saberlo es fuerte, verlo lo es más, y entrar a un cunero en dónde hay 6 bebés que esperan una familia que los ame y los cuide es en muchos sentidos desgarrador y al mismo tiempo esperanzador.

Tuve la fortuna de cargar durante un rato a una chiquita de 3 meses que suspiraba al contacto; si eso no suaviza el corazón de alguien, dudo que cuente con uno. Hay tanto que pensar al respecto, tanto que agradecer, tanto que sentir.

Así que no busco dar lecciones, pero sí me gustaría que pensaran que si ustedes están o han estado embarazados (hablo para ambos géneros) bajo circunstancias "normales"; si tienen la suerte de ir a un hospital y tener un bebé sano al que tendrán el privilegio y la fortuna de llevarse a casa para verlo crecer, ya de entrada pueden considerarse sumamente afortunados.

Afortunados al doble los papás que acogen a un ser desconocido y ajeno y lo forman, lo consuelan, lo guían para vivir con su dolor sin que este sea una carga, sino una posibilidad de convertirse en lo que muchos de sus papás biológicos soñaron para ellos.

La adopción es un acto contrastante entre el dolor y el amor, pero en una balanza, es claro cuál de los dos pesa más.

Si alguno de ustedes quiere saber el nombre de la casa y está interesado en ayudar de cualquier manera posible, por favor pregunten. Como todos los lugares de este tipo, esta casa también sobrevive gracias a las donaciones. También tengo el nombre de una excelente terapeuta que fue quien guió todo este proceso**. Por si ocupan.

Así que a veces uno acepta hacer cosas pensando que con ello va a ayudar a alguien y resulta que uno termina siendo el más ayudado. Así esto. Hay heridas que se curan en conjunto y sin intención, y eso debe ser amor del bueno.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.