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De Desapego y Compasión.

"I'm not Holly. I'm not Lula Mae, either. I don't know who I am! I'm like cat here, a couple of no-name slobs. We belong to nobody and nobody belongs to us. We don't even belong to each other. "
Holly Golightly - Breakfast at Tiffany's

La empatía y la compasión parecen ser familia, sin embargo, son diferentes. La empatía se refiere básicamente a la capacidad de "ponernos en los zapatos del otro", mientras que la compasión, además de permitirnos ser empáticos, nos hace sentir que debemos hacer "algo" por "alguien".

Ayer leía en un libro que la combinación perfecta de una acción está en mezclar desapego y compasión. El desapego es un tema que se ha puesto de moda. Lo he escuchado nombrar más veces de las que quisiera y por personas que habría preferido que ni la mencionaran. 

Y no es que me parezca mal - de hecho cada vez me vuelvo más partidaria de esta vertiente filosófica que indica que nada ni nadie nos pertenece, ni nosotros le pertenecemos a nadie (más que corriente filosófica, me parece un poco el argumento utilizado por la protagonista de Breakast at Tiffany's, y el cual se resume en una cita al inicio de este texto) - pero no estoy segura de que, como casi todo últimamente, no estemos llevando este pensamiento al extremo.

Y entonces pienso en una de las mafufadas que escribí hace poco dentro de lo que llamo Leyes GonZen. Algo así como "Entra en la vida de alguien como si entraras en su propia casa y al salir no dejes un desmadre". Seguramente la versión original era menos lépera, pero la idea es la misma. Y tomando este ejemplo me pregunto si es posible hacer la combinación perfecta que sugiere mi lectura. Y yo creo que sí.

Creo que, efectivamente, nada ni nadie nos pertenece. Que todos estamos en libertad de entrar o salir de la vida de otro en el momento que nos plazca, y que aquel que pretenda retenernos a la fuerza y por el medio que sea, no puede más que estar equivocado. Quedarse en la vida de alguien no puede ser una decisión unilateral.

Sin embargo, sí creo que uno puede llegar a la vida de otro sin anunciarse, que esa característica le da un toque de magia y romanticismo a todo; pero definitivamente uno no debería tener la cobardía de salir de la vida de otro sin siquiera avisar, sobre todo si ese otro nos brindó algo de felicidad. Me parece un mínimo acto de agradecimiento por el tiempo compartido, ni siquiera hay que entrar en más detalles ni hacer una lista de lo que se dio o no. El tiempo del otro es lo suficientemente valioso.

Habría que salir con la cara y no con la espalda por delante, tendríamos que darnos unos minutos para dar las gracias, aunque fuera por escrito. No encuentro otro modo. Sin embargo, el tiempo, las circunstancias y alguna que otra historia me han enseñado que hay quien no logra más que una de las dos cosas de la combinación perfecta, y generalmente se trata del desapego. La ausencia de compasión nos hace creer que no nos toca dejar al otro lo más sano y cuerdo posible, que eso no es nuestro. 

La ausencia de compasión nos hace aventar al otro al duelo de un muerto que sigue vivo. Y todo por miedo, o por falta de tiempo, o de ganas, o de memoria. O vayan a saber si por la mezcla equivocada de todas.

Yo qué sé.

*silencio.mp3*

Comentarios

  1. De la unilateralidad ya hablaremos, mientras le dejo video e info del silencio.mp3
    https://es.m.wikipedia.org/wiki/4%E2%80%B233%E2%80%B3
    https://youtu.be/JTEFKFiXSx4

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  2. Wooow… Bro. Hay silencios bien bonitos, no cabe duda.
    Gran "canción".
    Hablemos pronto de unilateralidad, o de lo que sea. Gracias por pasar a leer.
    Abrazo.

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

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Fologüers.