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De la Puerta de Brandemburgo y Kings of Leon...

De las ciudades que visité, Berlín me pareció una de las más impactantes. Su carga histórica es tan fuerte que tras haber sido escenario de todo lo que ya sabemos que pasó, sus habitantes explotaron en un montón de muestras y demostraciones que lo hacen un lugar mágico con una vibra muy, muy especial.

Está lleno de color y de arte, de música, de pintura, de fotografía, de memorias, porque si algo me queda claro es que ahí la gente no olvida pero sí supera. Fuerte es Berlín, fuerte es su historia y fuerte es darse cuenta de que no importa cuánto ni de qué manera haya sufrido una nación, siempre hay por donde empezar de nuevo y Berlín se ha pintado sólo en eso y se ha pintado de muchos colores (como los de los grafittis que adornan los restos del muro)

Es mínima la diferencia que queda entre los dos lados de esta ciudad que alguna vez estuvieron divididos. Si bien es cierto que hay una parte más conservadora, es cierto también que la gente se ha esmerado en borrar la diferencia.

La puerta de Brandemburgo es sin duda uno de los lugares más representativos por ser prácticamente "la entrada principal" a esta ciudad y uno de los lugares más simbólicos mientras esta estuvo dividida. En aquellos tiempos, el acceso a esta puerta no era posible más que para unos cuantos privilegiados. Y no importa que para cuando yo llegué ya no hubiera habido muro, el privilegio fue enorme.

Es simplemente magnificente, no se me ocurre otra palabra, y mi paso por ahí fue totalmente musical y en un timing casi perfecto. Cuando me topé con ella por primera vez levanté la cara y tuve que cubrirme del sol con la mano para alcanzar a verla en su totalidad. Sonreí como imbécil.

Empecé a caminar y ¡pum! empecé a escuchar en vivo los primeros acordes que venían de un grupo de chavillos que, del otro lado, covereaban a Kings of Leon y su "Use Somebody". Otra vez ese nudo en la garganta que me acompañó 30 días y se hizo más presente en algunos puntos. Otra vez esa microexplosión de felicidad.

Aquí la representación gráfica de ese momento, y como le dije a Made, "la de las piernas cortas soy yo"






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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.