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De un déjà vu histórico...


Se necesita tener muy mala memoria histórica o una desinformación marca Televisa para no recordar que el actual partido gobernante SIEMPRE se ha caracterizado por muchas cosas, pero principalmente por su intolerancia, sus prácticas de represión y sus provocaciones orquestadas desde adentro con grupos de choque cuyo objetivo principal  es desprestigiar cualquier tipo de movimiento opositor.

Lo sucedido el sábado 1o de Dic es sólo un recordatorio práctico del párrafo anterior, una muestra clara de que las viejas prácticas están de regreso. Claro que ahora estas prácticas se topan de frente con la tecnología, su inmediatez y sus implicaciones, por lo que me parece increíble que aún haya gente que pueda decir cosas como "Se lo merecen por revoltosos"; a quienes así piensan, y con todo respeto, permítanme decirles que han fracasado como una nueva generación, como una generación pensante y ejecutante; a quienes así piensan, siento decirles que su cabeza se quedó en antiguos periodos presidenciales. 

Ahora bien, y como lo dije en un post anterior, yo ya no estoy tan de acuerdo con las marchas como tal, y mi desapruebo no tiene que ver con que crea ni por un segundo que los destrozos hechos el 1o de Diciembre fueron obra de quienes ahora están siendo señalados y que fueron evidentemente detenidos bajo una total injusticia; No. Mi desapruebo ante las marchas es básicamente porque no creo que sirvan de mucho y porque de continuar manifestándose por esta misma vía, la historia de inocentes chivos expiatorios que hoy ocupan celdas en los principales penales de este país, se seguirá repitiendo ante los incrédulos ojos de los más desmemoriados.

A este país le hacen falta cambios de raíz, cambios en los núcleos más básicos, en los valores, en la educación; comenzar desde los círculos más pequeños inevitablemente se reflejará en el todo.

Está visto y comprobado que ninguna marcha, mitin, manifestación ni muestra de desapruebo hará que quienes hoy ocupan el poder decidan renunciar a él. Está visto y comprobado que esa no es la solución y que, por el contrario, es la vía corta a la boca del lobo, al desprestigio y a la caída de inocentes. Las cárceles no deben albergar a aquellos que tienen el valor de levantar la voz, pero quienes deciden manifestarse, deben encontrar vías mucho más prácticas de hacerlo, vías tan pacíficas y de "bajo  perfil" que no dejen espacio a la duda de quienes los siguen considerando unos simples "revoltosos", pero que al mismo tiempo generen cambios tan paulatinos como evidentes. El sutil paso de ser vistos como "revoltosos" a convertirse en verdaderos revolucionarios en el sentido más puro de la palabra, en el sentido que nada tiene que ver con la violencia.

Muchos de los jóvenes detenidos tienen la edad que tienen muchos de mis queridos ex alumnos, incluso tengo ex alumnos que asistieron PACÍFICAMENTE a la marcha y he sabido que algunos son amigos de los detenidos, y me duele el alma de pensar que a esa edad, en la que se cree más que nunca en las posibilidades, en los cambios, y en esta época en la que la verdad es mucho más evidente, siga triunfando la injusticia y las cárceles vuelvan a llenarse de sueños. 

Una cosa queda clara, y me permito insistir: El cambio no va a venir de arriba; sea como sea, quienes hoy están en el poder, y sea como sea que hayan logrado llegar ahí, lo van a defender con uñas, dientes, porros, granaderos, toletazos, balas de goma, manipulación de medios, detenidos, desaparecidos y cuanta "lección" ya conocida, y desde el pasado aplicada, les parezca necesaria. 

La lección de las nuevas (y no tan nuevas) generaciones para ellos tiene que ir mucho más allá de lo ya evidente, y todo indica que ya no hay lección alguna en marchar por las calles gritando consignas. 

El cambio inicia con un auto-análisis que parte de una simple pregunta: ¿Qué es lo que cada uno de nosotros, jóvenes o no, está haciendo realmente en favor de todos? Una vez respondida esa pregunta de manera individual es posible que logremos generar cambios colectivos, y entonces sí: ¡Hasta la victoria!

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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.