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De pasión y otras necesidades básicas...


“Passion is a feeling that tells you: this is the right thing to do. Nothing can stand in my way. It doesn't matter what anyone else says. This feeling is so good that it cannot be ignored. I'm going to follow my bliss and act upon this glorious sensation of joy.” 
― Wayne W. Dyer

Los seres humanos somos seres de pasiones. Nos apasionamos lo mismo con un deporte que con un proyecto, con un trabajo, con un amor. Pero, ¿qué pasa cuando olvidamos ese derecho a ejercer y mantener una o muchas pasiones en la vida? 

La cotidianeidad, el estrés y la velocidad con la que vivimos hoy en día nos enfrascan fácilmente, y muchas veces sin que nos demos cuenta, en una rutina que no incluye más pasión que abrir los ojos por la mañana y cerrarlos por la noche con la idea de haber "cumplido" un día más.

Las pasiones que encienden a una persona son tan variadas como variados somos todos. A ésta que escribe le prenden las mechas de la pasión cosas que pueden abarcar desde un buen libro, un buen beso, un mensaje conciso, un correo inesperado, una canción, un nuevo proyecto, en fin, podría decirse que soy de pasiones fáciles, pero para evitar las malas interpretaciones diré que más bien soy de pasiones sencillas.

Creo fielmente que las personas que se sienten tristes por periodos prolongados de tiempo, que caen en depresiones constantes y que en algún momento (como nos ha pasado a casi todos) pierden rumbo y objetivo de su vida, se enfrentan a estas situaciones porque por alguna razón personal sus pasiones están adormecidas: Las pasiones no mueren sino hasta que uno muere primero.

Claro que hay seres más pasionales que otros, incluso hay aquellos que de tanta pasión cruzan la delgada línea entre esta y la obsesión, pero esa... es otra historia. 

Lo cierto es que nuestra mente, nuestro corazón y sobre todo nuestra piel, no deberían librarse nunca del placer de apasionarse, de ponerse nuevos retos, de descubrir nuevos horizontes que nos obliguen a salir de los círculos viciosos que creamos a partir de una rutina, de una o muchas ideas equivocadas, de algo que muchas veces ni siquiera fue generado en nosotros. 

Se dice que la pasión y la felicidad extrema llevan a la producción masiva de endorfinas y creo que no hay sensación más clara que la que esto provoca. Es una claridad que sólo es visible y palpable para el que la experimenta, pero que por razones obvias se desparrama al exterior, se refleja en cada ámbito de nuestras vidas y hace que uno se sienta casi casi invencible, intocable. 

Yo no sé como se encuentran y/o reencuentran las pasiones; sólo sé que cuando a mí se me pierden, cuando siento que todo está fuera de su lugar, me sirve mucho respirar profundo, así, literal; como si dejar entrar el aire nuevo me sirviera para recordar que soy una mujer de placeres sencillos y que se me podrá juzgar de todo menos de ser a medias tintas.

Señoras y señores, las pasiones no son negociables, estamos conformados por un cúmulo de ellas y van de la mano de las convicciones. Nuestras pasiones personales no deben por ningún motivo ceder a algo menor, menos intenso y sobre todo, no sólo deben permanecer vigentes a lo largo de la vida, sino que deben renovarse, refrescarse una y otra vez de ser necesario; sólo así conservaremos para siempre la vital capacidad de sorprendernos. 


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Fanática de la utopía y cursi de clóset. Nómada. Creo en lo que no cree casi nadie y desconfío de aquello en lo que creen muchos. Mi alter ego se llama Violetta. Nunca me he enamorado a medias; me enamoro o no y cualquiera de las dos, se me nota. Algo Facebookera pero muy Twittera. Me gustan las historias ajenas y las frases sueltas. No corro, no grito y no empujo. Terca como mula y aferrada como capricornio. Cuando el mundo se me enreda, camino y si se me pone muy de cabeza, tomo una maleta y me voy a dar el rol. Tengo adicción por los mensajes de texto y/o las visitas inesperadas a deshoras de la noche; por NY, por San Cris, por los "chick flicks", por los libros de Angeles Mastretta y por los chocolates con mazapán de Sanborns. De vez en cuando practico el autoboicot. Escribir es el saco que me cobija y a veces ese saco le queda a alguien más.

¿Quién y de dónde?

Fologüers.